una de fideos
febrero 10, 2016 § Deja un comentario
Uno es el que es. Y no puede ser otra cosa. Es decir, uno acaba haciendo consigo mismo lo que puede, no lo que quisiera. Uno no puede dejar de ser quien es. Esto, cristianamente, se expresa como humildad: al fin y al cabo, uno debe acabar aceptando que ha sido llamado a una sola cosa, aquella en la que es bueno. Secularmente, hablaríamos de la finitud. De ahí que, si Dios no se encuentra sujeto a ninguna limitación, pueda dejar de ser quien es y pasar a ser otra cosa. Por ejemplo, un galileo, una chusma.