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febrero 28, 2016 § Deja un comentario
Que al final terminaremos abrazados por Dios —amparados por su misericordia— es algo que las sensibilidades religiosas más blandas tienden fácilmente a creer, pues, sin duda, resulta más consolador creer en ello que en la posibilidad de una condenación eterna. Pero el único modo de encajar este final feliz con el drama de la Historia es que este mundo fuese una especie de campo de pruebas para purgar el alma o algo por el estilo, pero no el lugar en donde se decide nuestra aceptación o rechazo de Dios. Puede que la doctrina del karma sea verdadera. Puede que los hechos acabaran por confirmarla. Pero de serlo no habría diferencia entre ser criaturas de Dios y ser el experimento de una mente alienígena cuya intención fuera la de producir almas puras con las que alimentarse. Es obvio —o al menos debería serlo— que el cristianismo va por otro lado, entre otras cosas porque no hay hechos que puedan confirmar la verdad de Dios. Ciertamente, desde la óptica cristiana, lo primero es el perdón. Pero lo último es la redención de los justos, la resurrección de los muertos. Esto es, hay Juicio, crisis, discriminación. Podríamos decir que cristianamente somos juzgados por el perdón de nuestras víctimas y no tanto por el mandato del Padre. Y ser juzgados aquí significa que el hombre puede rechazar ese perdón. Que hay un punto en el que se decide el sí o el no de nuestra entera existencia. Que una vez se franquea ese punto, no hay vuelta atrás. Que el hombre, al fin y al cabo, puede elegir la condenación. Que existir es existir ante lo irreparable. Que Auschwitz, al fin y al cabo, no fue una broma de mal gusto. Ciertamente, mientras haya vida, el hijo pródigo siempre tendrá un plato en la mesa del padre. Pero, en el momento de la muerte, la suerta ya estará echada. Que haya Juicio significa, pues, que el hombre puede morir de espaldas a Dios, que está en sus manos perderse o salvarse, vivir o ser heraldo de la muerte. Que no es cierto que, ante Dios, todo dé igual. Que haya Juicio significa, por tanto, que esto, en definitiva, va en serio.