campanadas de medianoche

febrero 29, 2016 § Deja un comentario

La anécdota fue contada por Elie Wiesel en su libro la noche. Ante la visión de un niño ahorcado por las SS, unos prisioneros de Auschwitz se preguntan dónde está Dios. Y la respuesta es que se encuentra ahí, colgando de un palo. Más allá del efecto retórico, la respuesta posee un largo alcance teológico. Pues bíblicamente la pregunta no es qué hace Dios por el hombre —esta sería de hecho la pregunta típicamente religiosa—, sino que hace el hombre por Dios. Y es que, bíblicamente hablando, no hay otra presencia de Dios que la del justo sufriente, la de aquel que soporta sobre sus espaldas el peso de un Dios en falta. «Lo que hicísteis a estos pequeños, a mí me lo hicísteis». Dios muere cada vez que muere un hombre a manos del verdugo. Y, por eso mismo, estar sujeto a Dios es estar sujeto el mandato que se desprende de esa muerte.

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