castillos en el aire (y 2)

marzo 30, 2016 Comentarios desactivados en castillos en el aire (y 2)

JM Castillo, en uno de sus artículos, se pregunta hasta qué punto la fe en la resurrección —el acontecimiento central de la experiencia cristiana—  determina hoy en día la vida creyente. La pregunta tiene mucho de retórica, pues es obvio que no. Así según JM Castillo «hay otras cosas que interesan más al común de los mortales bautizados […]: la pasión del Señor, la devoción a la Virgen y a los santos, determinadas prácticas religiosas, etc.» Sin embargo, JM Castillo no se interroga sobre las causas de nuestra actual desafección, sino que, por contra, se pregunta «de qué manera el resucitado debe estar presente en la vida y el comportamiento de los creyentes». Es por esto que su análisis desprende el tono exhortativo —y, por extensión recriminatorio— de la mayoría de los sermones dominicales. Y aquí no habría nada que objetar, si no fuera porque, con ello, JM Castillo rehúsa coger el toro por los cuernos. JM Castillo tiene razón —cómo no— cuando nos recuerda que los discípulos de Jesús fueron perseguidos por su fe en la resurrección… mientras que hoy en día no se persigue a nadie por ella. Este es, ciertamente, el dato. Ahora bien, lo discutible es el diagnóstico que JM Castillo ofrece para explicarlo. Es verdad que la predicación apostólica estaba cargada de denuncia profética. Que proclamar la resurrección era proclamar que Dios estaba del lado del crucificado… y no del lado los poderes político-religiosos que lo habían condenado, algo de por sí inaceptable, precisamente, para quienes creían estar del lado de Dios. De ahí que JM Castillo deduzca, no sin razón, que «predicar la resurrección consiste, ante todo, en portarse de tal manera, vivir de tal manera y hablar de tal manera que uno le da la razón a Jesús y se la quita a todos cuantos se comportan como se comportaron los que asesinaron a Jesús». Sin embargo, aquí diría que JM Castillo comete una falacia, por otro lado, muy común: la de tomar las consecuencias de la fe en la resurrección por el significado mismo del acontecimiento de la resurrección. JM Castillo está en lo cierto cuando defiende que la fe en la resurrección no es, estrictamente hablando, una fe en la supervivencia del alma o en una vida post mortem, como muchos creen fácilmente hoy en día. Que la fe en la resurrección supone, de algún modo, creer en la posibilidad una vida, aquí y ahora, para quienes viven como muertos —como aquellos que no cuentan para el mundo. Que la muerte no tiene la última palabra… a pesar de que sigue habiendo, sin duda, muerte. Ahora bien, creer en la resurrección no es, estrictamente hablando, lo mismo que creer que la muerte no tendrá la última palabra. Si los primeros cristianos creyeron que la muerte no tenía la última palabra es porque hubo resurrección —porque la resurreccion fue un acontecimiento y no solo una interpretación, en clave mítica, del acontecimiento de la cruz. Y ahí reside, precisamente, nuestra actual dificultad: que nuestro compromiso con los valores de Jesús, por decirlo con las palabras de JM Castillo, no puede ya sostenerse en el acontecimiento de la resurrección. De hecho, más que escandalizarnos, dicho acontecimiento nos resulta, literalmente, increible… como lo fue también para muchos de por aquel entonces. Nuestra dificultad tiene que ver, precisamente, con el lenguaje religioso. O, por decirlo con otras palabras, que nosotros creamos que el lenguaje de la resurrección es un modo de interpretar el significado de la cruz es de, por sí, un síntoma de nuestra dificultad para aceptar el acontecimiento de la resurrección como tal. De ahí que fácilmente creamos que creemos en la resurrección porque creemos en la utopia… cuando, de hecho, en el origen fue al revés. Así lo que se hace presente en quienes poseen un cor inquietum —en quienes tienen puesta la mirada en el futuro, en quienes entran en conflicto con la realidad en su lucha por un mundo más justo y fraternal— no es la resurrección, propiamente dicha, sino su creencia, en el mejor de los casos, en que la muerte no debe pronunciar la última palabra. De hecho, si la fe en la resurrección escandalizó a los judíos que condenaron a Jesús, no fue solo porque de ella se desprendiera que Dios, en verdad, estaba del lado de los excluidos, sino sobre todo porque, para esos mismos judíos, Jesús fue un usurpador. Es como si hoy en día, los seguidores de un telepredicador, después de que este fuera asesinado a causa de su fe, comenzaran a proclamar que Dios lo había resucitado de entre los muertos. La mayoría de nosotros, sencillamente, creeríamos que eso no puede ser verdad. Y no porque esto de la resurrección suene a fantástico, sino porque no podríamos aceptar que Dios estuviera del lado de un farsante.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo castillos en el aire (y 2) en la modificación.

Meta