la chute

mayo 10, 2016 Comentarios desactivados en la chute

Fácilmente, deformamos la fe cristiana, si nos quedamos solo con su cara amable, aquella que se contenta con dar por hecho que vivimos amparados por una especie de espectro bueno. Pues, uno de sus puntos de partida con respecto a esto de Dios, es que la existencia en el mundo es una existencia quebrada, caída, rota, y que, por tanto, existimos de espaldas a Dios, en la negaciónde Dios, incluso ahí donde creemos tener a Dios de cara. Pues, el Dios al que apunta la típica sensibilidad religiosa —el espectro bueno de la infancia— es un Dios demasiado obvio, demasiado disponible, como para que merezca el nombre de Dios. Mientras haya yo —mientra el yo confíe sobre todo en sus posibilidades—, no cabe ningún encontrarse cabe Dios. El ateísmo —la negación de Dios— no es, por consiguiente, una posibilidad del hombre, sino su misma condición. De ahí que el hombre, por sí solo, sea incapaz de salir de sí mismo, ni siquiera por la vía de la ascesis, y ponerse en manos del la alteridad radical que es Dios. Cristianamente, Dios no se allá en ninguna cumbre esperando el ascenso del hombre. Y de ahí también que, para el cristiano, el destino del hombre se decida del lado de Dios, mejor dicho, de su iniciativa, la cual no es nunca directamente de Dios, sino de su «lugarteniente», por decirlo a la manera de Hans Küng, de aquel que se encuentra, precisamente, en lugar, vacante, de Dios.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo la chute en la modificación.

Meta