un nuevo Adán

mayo 23, 2016 Comentarios desactivados en un nuevo Adán

En tanto que arrojados al mundo, somos incapaces de Dios. El hombre, pues, no es libre de acercarse a Dios, de cumplir con su voluntad. Pues donde cree estar cerca, lo único que consigue es una falsa imagen de Dios, por lo común a su medida. En cualquier caso, si el hombre logra responder a la demanda del excluído —que es, de hecho, lo que Dios quiere— es porque está sin Dios mediante, es decir, sin poder asegurar que Dios se halla de su lado o, como suele decirse también, porque ha sido vaciado de sí mismo. Si el llanto del prójimo se nos revela como demanda inexcusable, y, por tanto, como algo de Dios, es porque nos encontramos en la situación en donde no parece que haya Dios. La voluntad de Dios —la Ley— procede, pues, de la desaparición de Dios. Desde esta óptica, tan bíblica, el cristianismo se presenta como una fe audaz: pues, la tesis cristiana es, precisamente, que nuestra incapacidad de Dios no se resuelve de nuestro lado, ni siquiera ascéticamente, sino del lado de Dios. Y se resuelve radicalizando la opción judía, por decirlo así. Pues, la iniciativa de Dios no es directamente de Dios (y esto es muy judío), sino de su representante, de aquel que ocupa el lugar de Dios, la víctima de los hombres. Sin embargo, si el hombre tiene la oportunidad de regresar a Dios —pues todo ir hacia Dios es, de hecho, un regreso— es porque no hay otra presencia de Dios —otro presente— que el que encarna el crucificado en nombre de Dios, el cual ofrece el perdón en relación con el que el hombre se ve obligado a decidir entre la vida que da Dios o la muerte. De hecho, el galimatías trinitario no tiene por objeto otra cosa que, de algún modo, insistir en que Dios mismo está impicado en la vida y milagros de Jesús de Nazareth, que no estamos simplemente ante un profeta, aunque tampoco ante un dios paseándose por la tierra.  Es como si, con el advenimiento del cristianismo, dejara de tener sentido una relación con Dios como tal, el cual es relegado a un pasado o un futuro absolutos, pues trinitariamente hablando lo que es Dios no es Dios, sino el vínculo entre entre Dios y el hombre, la iniciativa de Dios por la que Dios difiere de sí mismo con el propósito de identificarse con el hombre. Evidentemente, ello no es posible sin que afecte a la naturaleza religiosa de Dios. Lo dicho, un audacia.   

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