amar al enemigo

junio 12, 2016 Comentarios desactivados en amar al enemigo

Quien crea que el mandato evangélico de amar al enemigo es algo así como una receta para la felicidad o para cambiar el mundo, probablemente sea un ingénuo. O, por decirlo con otras palabras, quien cree en el poder, aquí y ahora, de este amor extremo , no cree en el poder de Dios, aunque lo parezca. La ingenuidad tiene que ver con la ignorancia. Y lo que se ignora en este caso es que el mal puede, a veces, apoderarse por entero del hombre. Ingénuamente se supone que el amor al enemigo alcanza ese resto de bondad que anida, se supone, en lo más recóndito del alma. Pero si es cierto que el mal puede incluso ahogar ese resto de bondad, entonces el amor al enemigo no puede justificarse por su, inicialmente pretendida, eficacia. De hecho, ni siquiera Jesús fue capaz de transformar el corazón de quienes le condenaron. Quien se encuentra sujeto a Dios —y nadie lo está que no haya sido desposeído de sí mismo— se ve empujado a amar al enemigo… porque quizá no pueda hacer otra cosa: todo lo que es de Dios incita a la reconciliación. Ahora bien, nadie nos dijo que ese amor fuese capaz, en el presente, de vencer la resistencia del mal. De hecho, los textos evangélicos hablan en cualquier caso de un futuro escatológico donde Dios será todo en todos —donde las potencias del mal serán derrotadas. Mientras tanto, ante el mal radical, quizá no podamos hacer nada más que levantar altos muros de piedra o combatir. Pero, en esto consiste el drama humano: que al hacerlo, incluso los soldados de Cristo se ponen del lado de Satán. De ahí, que para una sensibilidad como la bíblica, el hombre no pueda darse a sí mismo la redención. 

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