cosas del Templo

junio 23, 2016 Comentarios desactivados en cosas del Templo

Un tópico de la catequésis cristiana opone el legalismo judío a la libertad de espíritu cristiana. En este sentido, los catequistas suelen referirse al cuestionamiento evangélico de las prescripciones relativas a la pureza o al «ama y haz lo que quieras» de Agustín. Sin embargo, al defender este contraste entre el judaísmo de corte fariseo y la novedad cristiana se olvida que Jesús de Nazareth no fue un cristiano, sino un judío. Por tanto, la polémica contra el rigorismo legal —y, por extensión, contra una religiosidad ligada al Templo— debe entenderse como una polémica intrajudía y, en último término, como la tensión entre la tradición profética y sacerdotal. Aparentemente, lo que hay en juego son dos modos de situarse ante Dios, no fácilmente integrables, al menos en la práctica. En ambos casos, el creyente se enfrenta a la extrema trascendencia de Dios. Pero, lo que se desprende de esa trascendencia, en el caso de la tradición profética, es la necesidad de obedecer al mandato que nos convierte en rehenes del huérfano, mientras que en el de la tradición sacerdotal, lo que se desprende son, por un lado, la adoración y, por otro, las prácticas rituales que buscan asegurar, en la medida de lo posible, el favor de Dios. Sin embargo, al rechazar la tradición sacerdotal es posible que la tradición profética haya arrojado al niño con el agua sucia. Pues donde perdemos el sentido de la distancia, fácilmente acabamos haciendo de Dios la excusa, al fin y al cabo desechable, de nuestro compromiso moral. 

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