griegos y judíos

julio 15, 2016 Comentarios desactivados en griegos y judíos

Para comprender un texto de un cierto calado, sobre todo si es aparentemente simple, hay que tener en cuenta no solo lo que dice, sino lo que no dice y podría haber dicho. Por ejemplo, es sabido que la relación del hombre con Dios se comprende bíblicamente en los términos de una Alianza.  Esto es: no estamos ante la típica relación técnica, en la que, a través del rito o las prácticas mágicas, se pretende provocar la respuesta favorable del dios de turno. Pero tampoco estamos en una relación que pueda comprenderse a la griega desde el parentesco entre Dios y el hombre, de modo que el hombre pueda esperar naturalmente realizar su condición divina, aunque sea post mortem. La idea de Alianza supone que Dios se manifiesta según el modo de la promesa. Desde esta óptica, Dios se hará presente —pues, la promesa de Dios es la promesa de Dios como Señor del mundo—, si el hombre cumple con su parte del pacto, esto es, si, encontrándose sujeto a la voluntad de Dios, alimenta al huérfano, viste al desnudo, acoge al inmigrante… Y si esto es así, entonces no parece que podamos decir que nos hallamos ante diferentes maneras de aproximarnos a una y la misma divinidad. Pues no es el mismo Dios el que se encuentra detrás de los ritos mágicos —o el Dios con el que compartimos sustancia— que el Dios extraño que está por venir.

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