el dilema cristiano
agosto 9, 2016 Comentarios desactivados en el dilema cristiano
El denominado Jesús histórico no basta para creer, al menos por lo que de fracaso tiene la cruz. Pues, no hay que olvidar que Jesús murió como un abandonado de Dios. Quienes sostienen que, para ser cristianos, tenemos de sobra con el Jesús histórico fácilmente hacen de Jesús un ejemplo moral, pero poco más. Por otro lado, si partimos del Jesús preexistente junto a Dios, la fe cae irremediablemente en el mito y más hoy en día. La clave para integrar ambos métodos es, ciertamente, la resurrección, la cual constituye el fundamento del kerigma cristiano. Si podemos retrospectivamente ver al profeta escatológico que fue Jesús de Nazareth como la encarnación del Hijo de Dios fue porque Dios lo sentó a su derecha y no porque sí, sino porque, desde la eternidad, por decirlo de algún modo, tot plegat formaba parte del plan salvífico de Dios. El problema del cristianismo moderno es que, precisamente, no sabe cómo lidiar con el acontecimiento de la resurrección. Pues donde, siguiendo a Bultmann y compañía, los teólogos tienden a comprenderla como una interpretación del carácter soteriológico de la cruz, la resurrección deja de ser un acontecimiento. Pero donde se pretende, por contra, afirmar la resurrección como dato histórico, resulta difícil no hacer de Dios una especie de deus ex machina, pues no hay que olvidar que el sujeto agente de la resurrección no es el crucificado, sino Dios. De hecho, esta dificultad ya fue anticipada por los evangelistas, especialmente por Juan. En este sentido, no es casualidad que el cuarto evangelio termine diciendo aquello de afortunados los que creen sin haber visto. La cuestión, por tanto, no es si podemos actualizar la experiencia de la resurrección, pues como acontecimiento pertenece a un pasado inaccesible, sino cómo es posible la fe donde ya no cabe, precisamente, experimentar la resurrección como tal. Ahora bien, si la resurrección es el principio y fundamento de la fe ¿qué significa creer donde la resurrección es un acontecimiento del que no podemos apropiarnos sin deformarlo? Pues, evidentemente, pecaríamos de deshonestos si dijéramos que lo que hay detrás del lenguaje de la resurrección es lo que hoy en día, pongamos por caso, expresaríamos en términos de resilencia. O que lo único que pretendían transmitir los primeros cristianos, por medio de unas categorías que ya no nos pertenecen, es que la causa de Jesús sigue adelante. Quizá de lo que se trate, en último término, es de aceptar que andamos equivocados donde pretendemos actualizar experiencias o significados que nos resultan un tanto extraños. Que si podemos aún ser cristianos, no es porque podamos llegar a confesar lo mismo, aunque sean con otras palabras, pues, si son otras palabras, no confesaremos estrictamente lo mismo, sino porque existimos bajo el espíritu de la resurrección. Y, de ser así, la cuestión es otra, a saber: qué significa existir en el espíritu de la resurrección donde el kerigma de la resurrección no puede ya ser afirmado como tal.