lenguaje y caída

septiembre 4, 2017 Comentarios desactivados en lenguaje y caída

Es improbable que las palabras, aun cuando digan verdad, nos permitan incorporarla. Pues una cosa es saber y otra caer en la cuenta. Con lo primero, vemos las cosas desde una cierta distancia. Con lo segundo, es difícil evitar el espasmo. Así, sabemos que vamos a morir. Pero deambulamos por el mundo como si no lo supiéramos. Sabemos que todo pasa. Pero no temblamos ante la posibilidad de que el vínculo con nuestros hijos termine disolviéndose como el azúcar en el café. Cuanto ha sido ya dicho tiende a darse por descontado. Y lo que damos por descontado cae, tarde o temprano, en la irrelevancia (aunque de por sí no lo sea). Algo se añade a las palabras cuando caemos en la cuenta de lo que expresan. Y no es una palabra de más. En cualquier caso, un decir de otro modo lo mismo. Y un decir que, por lo común, vela lo revelado. De ahí que necesitemos los versos del poeta —su delirio, sus deformaciones, su extravío— para ver con los ojos del asombro, si no con los del escándalo, lo que nos es más que costumbre. Un poeta, contra lo que podamos suponer, no eleva la materia a la altura del espíritu. Al contrario: hace cuerpo lo que, de entrada, se nos ofrece como una obviedad mental. O, cuando menos, esta es la tarea del poeta tras el desastre de Dios.

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