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septiembre 26, 2017 Comentarios desactivados en imago dei

Por lo común, nos hacemos una idea de la nada como si fuera un espacio vacío. Pero un espacio vacío ya es algo y la nada lógicamente no es o, si se prefiere, no acaba de ser. Ciertamente, difícilmente cabe interiorizar la nada sin hacernos una idea. Ahora bien, el vacío que la representa no puede evitar traicionar el concepto. La nada se oculta en su hacerse presente como vacío. Pues algo parecido ocurre con Dios. En realidad, Dios es el nombre de un hueco, una falta, una potencia. El poder de Dios es, literalmente, su posibilidad. Pues el mundo es mundo porque en él no encontramos nada que sea absolutamente otro. Cualquier otro es siempre en relación a mí y, por consiguiente, un otro en falso, aquel que, en tanto que reducido a las condiciones de la receptividad, ha dejado de ser en verdad otro. De ahí que Dios sea lo eternamente pendiente de nuestro estar en el mundo. Dios, en realidad, es un extraño en nuestra casa, alguien que no puede aparecer como dios sin traicionarse a sí mismo.

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