de la doxa
noviembre 10, 2017 Comentarios desactivados en de la doxa
Da igual que la sociedad sea abierta o cerrada. En cualquier caso, uno difícilmente podrá ir contra la opinión dominante sin provocar el ladrido de los perros. La vida en común es un comulgar con ruedas de molino. De ahí que la pregunta sea qué se oculta -qué nos ocultamos- donde proclamamos lo socialmente indiscutible. Y probablemente siempre se trate de lo mismo, a saber: que el rey anda desnudo. Es lo que cualquiera ve, pero insiste en no ver. No es casual que el filósofo no goce de buena prensa. Tarde o temprano, termina por aguar la fiesta. El hombre de a pie prefiere seguir creyendo en los motivos que alimentan su vanidad. La sociedad tolera al filósofo mientras permanezca en el rincón del pensar. Sin embargo, al filósofo ya le va bien. Pues solo allí se encuentra como en casa. Este es su monasterio, su clima. La amistad, de la que vive el filósofo, solo crece en los márgenes. El mundo, para quien se extraña incluso de sí mismo, no deja de ser un mundo virtual. En este sentido, no hay revelación que no sea póstuma.