el extraño
noviembre 29, 2017 Comentarios desactivados en el extraño
Si lo pensamos bien, nos daremos cuenta de que el otro es, en verdad, un ente espectral. Nuestra relación con el otro se reduce al trato más o menos amable y, por eso mismo, del otro tan solo vemos lo que puede admitir dicho trato. Su carácter de alguien enteramente otro —su radical extrañeza— se nos da como eso que dio inevitablemente un paso atrás en su hacerse presente, en su darse como apto. De ahí que el otro en cuanto tal sea un fantasma. A menos que irrumpa como aquel que rompe los muros que nos protegen, precisamente, de su irrupción. Así, en tanto que tan solo pensamos su alteridad, el otro se nos da como el que, en sí mismo, no se nos da. Pero si llegamos a experimentarla, entonces no podremos limitarnos a constatar su ausencia, sino que nos veremos obligados a admitir que el otro aparece, desde su más allá, como aquel que nos pone en cuestión —como el que nos obliga a responder y no tan solo a reaccionar—. El enteramente otro deja de ser una nada en el instante que, por su iniciativa, nos saca del quicio del hogar. Aunque sea porque su nada —su no acabar de ser— se ha hecho carne.