la puta y el filósofo
diciembre 7, 2017 Comentarios desactivados en la puta y el filósofo
Todos —blancos y negros, hombres y mujeres, obreros y brokers— nos encontramos a una cierta distancia de nosotros mismos. Hay algo en lo más profundo del yo que no termina de ser en lo que es. Se trata del yo propiamente dicho, el cual pugna por su reconocimiento, por alcanzar una identidad. Sin embargo, mientras siga habiendo un yo, su identificación con un particular modo de ser seguirá siendo más o menos problemática, aun cuando sea cierto que sin cuerpo no hay propiamente alma. Un yo siempre difiere de su aspecto —siempre se encuentra más allá de sí mismo—. En este sentido, todos somos unos irónicos, aun cuando no en el mismo grado. La diferencia pasa por ser consciente de ello o no. Y cuando se es consciente, uno difícilmente se encuentra en donde está. Así, el filósofo, en tanto que hiperconsciente y a diferencia del ιδιωτης (idiotes), se caracteriza por su ironía. Como las putas, aunque desde el lado duro de la vida. Pues ellas saben, quizá mejor que el filósofo, que a pesar de la deformación profesional, no son el papel que encarnan, el único que les ha tocado representar en esta tragicomedia que es la vida. Ellas probablemente estén más cerca de la tuétano de la existencia, pues existir es, literalmente, hallarse fuera de sí, que aquellos que aún podemos ir, porque ignoramos de qué va el asunto, con la cabeza erguida. Como dijo el nazareno, ellas entraran primero.