Pi: the movie
julio 18, 2023 § 2 comentarios
La búsqueda de Dios siempre tendrá el mismo resultado: un rotundo fracaso. Elías lo supo antes que nadie: Dios no estaba donde se lo imaginó. La fe no puede partir de lo que ya sabemos acerca de Dios, aunque sea hipotéticamente. Cada creyente ha de volver a trazar el camino que lleva hasta el Gólgota —la montaña sagrada del cristianismo— para caer en la cuenta de lo que hablamos cuando hablamos de Dios (y no solo para caer en la cuenta, sino, sobre todo, para confesar). Al final, aquello ante lo que fácilmente pasamos de largo se nos revela como gracia: el Sol a través de las ramas, el insistente canto del pájaro, la sonrisa del hijo, el despreciable a causa de su mal olor… Y el resto sería un esperar a ver cómo termina tot plegat, confiando casi absurdamente en que los gestos de bondad no caerán en saco roto.
No cal que busquem Déu a les altures: no el trobarem. Se’ns apareix sovint arran de terra i nosaltres hi passem de llarg. Preguem que no ens cridi, perquè ens obligaria a sortir de la nostra zona de confort. Volem i no volem alhora. Només les persones excepcionals diuen, sí. La majoria nadem en l’ambigüitat que és la nostra manera de ser.
«Caer en la cuenta» y «confesar». Una real contradicción en términos de experiencia religiosa (!?) En los orígenes del cristianismo no lo creo, en la situación actual en nuestra Europa de post cristiandad puede ser que si, al menos en su concreción en los procesos habituales de «caer en la cuenta» y de «confesar» dentro del diverso y variopinto mundo del budismo y del cristianismo en sus diferentes confesiones.
Tengo algún recuerdo de juventud de carismáticos católicos con unos procesos de «caer en la cuenta» y «confesar» casi casi espectaculares y quizás rozando el exhibicionismo espiritual y buscando aunque fuera de forma no explícitamente manifiesta el contagio por imitación.