setze jutges…

mayo 17, 2022 § Deja un comentario

El pobre, según Hume, inspira nuestra compasión —una reacción empática. Según el cristianismo, no solo: también nos juzga. Por un lado, el pobre nos invoca. Pero, por otro, nos obliga a responder a su acusación. Sin embargo, no entendemos que ante él nos hallemos realmente sub iudice, donde nos encontramos por encima, tan satisfechos de habernos conocido. Esto es, no lo entendemos hasta que no caemos en la cuenta de que su demanda, en el doble sentido de la palabra, es una oportunidad de redención.

sheol

abril 23, 2022 § 1 comentario

¿Qué pueden esperar los muertos en vida? ¿Aquellos para los que todo es No? ¿Para el que está solo en una celda de aislamiento? Todo es oscuridad para el deprimido. Al resto, las cosas les van más o menos bien. No a ti. No cuentas, no eres nadie. Perteneces al sheol. ¿Dios? ¿Puedes creer que siempre te acompaña y que sufre contigo? Esta creencia ¿no se encuentra cerca del placebo? Que Dios sea un Dios de vivos puede entenderse de dos modos. O bien, que no hay Dios para los muertos. O bien, que Dios no quiere que mueras —y de ahí la esperanza en la resurrección. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asunto de la resurrección de los muertos es, cuando menos, problemático, la anterior alternativa es como decir o la tierra es redonda, o soy Napoléon. Y evidentemente, no eres Napoleón. Traducción: o la cruz es un fracaso —y el destino del hombre de Dios es topar con la falta de Dios—, o el crucificado es el Hijo de Dios. Y sin resurrección, lo segundo suena a broma.

jesuología

abril 18, 2022 § Deja un comentario

Dicen, algunos: no creo en las iglesias, ni en sus dogmas; creo en Jesús. Esto es, en su causa. Sin embargo, Jesús, el profeta, fracasó. ¿Su causa? Una causa perdida. Moloch gana. Los partidarios de Jesús a secas harían bien en releer a Pablo y en concreto 1Co 15, 14. O resurrección de los muertos, o nihilismo. Aunque esto sea como decir nihilismo. Sobre todo, donde ya no nos comprendemos como aquellos que se encuentran expuestos a la imposible posibilidad de la bondad. Ni cultural, ni existencialmente.

¿qué esperar?

abril 17, 2022 § Deja un comentario

¿Qué esperanza para Caín? ¿Acaso el perdón de Abel? Sin embargo, para ello debería levantarse de entre los muertos. Y es que únicamente la compasión de su hermano puede resetear la existencia del fratricida. ¿Como le ocurrió a Pablo? Probablemente. Pues, asistiendo a la ejecución de Esteban, y tras su perdón, Pablo pasó de exterminar a los seguidores de Jesús a proclamar su evangelio. O como contaba aquella mujer, que estando prisionera en los campos de Pol Pot llegó a arrancar la comida de la boca de su hija, la cual murió, días después, de inanición: que lo único que esperaba era poder encontrarse con su hija más allá de la muerte para que pudiera perdonarla… y comenzar juntas de nuevo. Obviamente, se trata de un imposible.

Ahora bien, el cristianismo no profesa otra fe. Sencillamente, los muertos deben resucitar en nombre de aquella bondad que nos fue dada en medio del horror. De lo contrario, no hay redención para el culpable. ¿Y quién no lo es, al menos a causa de su pasar de largo? Quizá, por eso mismo, la esperanza en la resurrección de los muertos concierne antes a los culpables que a la víctimas. Pues no solo se trata de que los que murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad puedan vivir la vida que les resta. Los muertos tienen que resucitar para que las víctimas puedan apiadarse de sus verdugos. La justicia de Dios es, antes que venganza, una última oportunidad. Hay esperanza, precisamente, porque Dios espera. El juicio de Dios arranca con el perdón del crucificado. De ahí que el verdugo se condene donde, tras el gesto de misericordia, recoge de nuevo el hacha. Y aquí la condena es una eternidad sin rostro (al menos, porque la existencia deviene eterna para quien está solo).

En cualquier caso, la resurrección sigue siendo, literalmente, increíble. No es algo que podamos esperar desde nuestro lado. Sin embargo, Dios o tiene que ver con lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad, esto es, con lo inconcebible en nombre de; o no es Dios, sino un trampantojo al servicio del onanismo espiritual. En definitiva, o resurrección, o nihilismo. Y para aquellos que no nos encontramos abiertos a la imposible posibilidad de Dios, esto es como decir nihilismo. Pero por suerte —o mejor dicho, por gracia— hubo quien permaneció abierto por nosotros, los incapaces. Pues solo por su fe cabe la fe.

Cristo, ¿un campesino judío?

abril 15, 2022 § Deja un comentario

Hace un siglo, Rudolf Bultmann puso sobre el tapete la disyuntiva entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Aunque no fuera este el propósito de Bultmann, lo cierto es que la distinción sugería, cuando menos, que el Cristo de la fe era una interpretación… entre otras. A partir de entonces proliferaron una serie de imágenes alternativas: desde el Jesús guerrillero hasta el Jesús cínico. Sin embargo, la cuestión no es si caben diferentes interpretaciones —pues resulta obvio que sí—, sino si la confesión creyente fue originalmente una interpretación. No me atrevería a decirlo. Y es que una cosa es interpretar desde la grada —y aquí la interpretación se añade, por decirlo así, a lo que se ve— y otra muy distinta ver de un cierto modo, lo cual es, en cualquier caso, inevitable. De hecho, no hay visión que no incorpore en su seno una carga teórica. Ver es siempre un ver como. Así, por ejemplo, quien ve un martillo, ve un clavo. Siempre y cuando pertenezca a un mundo en el que haya martillos, no ve en primer lugar una cosa que, a continuación, interpreta. Directamente, ve el clavo que acompaña al martillo. En este sentido, la visión de lo que hay supone un reconocimiento. Cuando topamos con un amigo tras años sin verlo, no estamos propiamente interpretando, sino reconociendo… aunque, en un primer momento, podamos dudar. Vemos al amigo como lo que es, a saber, un viejo amigo. Si hoy en día fácilmente damos por sentado que el Cristo de la fe es una interpretación entre otras, quizá sea porque ya dejamos atrás los presupuestos culturales —los pre-juicios— que hicieron posible su reconocimiento. Y quien dice presupuestos, dice mundo.

topar con Dios

abril 14, 2022 § Deja un comentario

Para el sujeto moderno, como para Israel, Dios no es un ente superior. De topar con dicho ente, aún no habríamos topado con Dios. Tan solo con un ente con el que deberíamos lidiar. De hecho, con Dios, como tal, no cabe topar. Incluso en los cielos, seguiría estando por ver. Sin embargo, no hay relación con Dios que no implique la pobreza del hombre, su descentramiento. El exceso de Dios sitúa al hombre en la perferia. La dependencia del hombre con respecto a Dios no es, por tanto, la del perro con respecto a su amo —no se trata del sentimiento de dependencia propio de la infancia—, sino la de aquel que, bajo el cielo impenetrable de los Auschwitz de la historia, clama por una redención que no está en sus manos asegurar, aunque tampoco solo en las de Dios. Cristianamente, todo comienza al pie de una cruz. ¿Topar con Dios? Por supuesto: ahí está, colgando.

ex machina, insistimos

abril 12, 2022 § Deja un comentario

Dios, como dijera Bonhoeffer, no está para tapar agujeros. Tampoco puede. Pues lo primero en Dios es su renuncia a ejercer la divinidad desde otra altura que no sea la de la cruz. Sin embargo, quienes se encuentran sin salida, ¿pueden prescindir de una liberación ex machina y seguir creyendo? Quizá debamos prestar más atención a la fe de Israel. Pues es posible que, al final, para los hundidos no haya otra esperanza que la mesiánica. Que Dios en verdad sea un Dios encarnado significa, entre otras cosas, que no tiene otros brazos que los nuestros. Y esto no parece que conjugue con la idea, presente aún en muchas cabezas cristianas, de que Dios es algo así como una variante espectral del primo de Zumosol. Ciertamente, preferiríamos una solución milagrosa al sufrimiento. Pero Dios en verdad nunca se ajustó a nuestras preferencias.

creencia y escathon

abril 11, 2022 § Deja un comentario

La creencia en Dios, tal y como se entiende por lo común —a saber, hay un Dios que es amor, mientras nosotros tenemos la opción de vivir conforme a su voluntad—, es algo así como el modelo que nos permite cuadrar el puzle de la existencia. De este modo, permanecemos bien situados. Ya sabemos a qué atenernos. La cosa no cambia donde en lugar de un Dios personal colocamos el lado luminoso de la fuerza (o cualquiera de sus variantes). Sin embargo, la creencia aún no es fe. Pues esta última implica una confianza que no es exactamente la que exige una hipótesis de trabajo. Y esta confianza apunta inevitablemente a un final de los tiempos en los que se pronunciará una última palabra. Así, todo está por decidir. Y más si Dios no es un deus ex machina, sino el Dios que depende del hombre que depende de Dios. La fe se erige, por consiguiente, sobre un interrogante: en definitiva, qué será —cómo se resolverá— lo que ahora oscila entre la luz y la oscuridad. No parece que pueda haber fe donde la existencia no se comprende, de algún modo, como un combate entre el Bien y el Mal. En la creencia hay demasiado saber como para que podamos hablar de verdad. Como si la cuestión se hubiera resuelto antes de tiempo. Y es que bíblicamente, la verdad no tiene que ver con el presente indicativo, sino con un futuro absoluto, un futuro que, en tanto que absoluto, no termina de coincidir con lo que fácilmente podemos suponer desde nuestro lado.

hecho, significado y resurrección

abril 10, 2022 § Deja un comentario

Toda visión incluye un cierto saber. Así, quien ve un carro ve el cargamento, aunque vaya de vacío. O también, a quienes se les apareció el crucificado vieron al que fue levantado por Dios como Hijo. Una cosa va con la otra. Con todo, es posible retener tan solo el significado que soportaron los hechos originales, una vez somos incapaces de ver lo mismo. Así, muchos cristianos actualmente aún pueden admitir a Jesús como Hijo, aunque sea pasando de puntillas con el asunto de la preexistencia. Pero difícilmente, la historia de zombis buenos con la que terminan los evangelios. Sin embargo, donde ya no sabemos qué hacer con el hecho de la resurrección, salvo traducirlo —y traducirlo es no saber qué hacer—, el cristianismo queda herido de muerte. Y puede que este sea un síntoma de que un haber olvidado que la fe siempre apuntó a lo imposible-en-nombre-de.

nihilismo cristiano

abril 9, 2022 § 2 comentarios

Dar de comer al hambriento; perdonar a tu verdugo… ¿Es posible donde aún pertenecemos al mundo? ¿Acaso esta posibilidad no pasa por estar muertos? Y esto significa sin esperar nada a cambio. Ni siquiera el reconocimiento de Dios. ¿Hermanos? Sí. Pero como huérfanos. En realidad, Jesús murió sin poseer el sentido de su muerte. Aunque se abandonase a Dios. En esto consiste el mayor descentramiento, la ascesis suprema. Que además sea el camino debería, cuando menos, desconcertarnos.

Se nos dirá: “sin embargo, hubo resurrección. Y con la resurrección la cosa cambia: tenemos un hacia dónde, incluso en medio del horror. Ahí están los mártires.” Ciertamente, la resurrección nos ofreció un hacia dónde. Pero en la cruz, hasta los mártires se tambalean. Pues la cruz es la crisis de la creencia. Hay que pasar de nuevo por donde pasó el Hijo para incorporar la fe que trasciende la creencia, para hacerla cuerpo, al fin y al cabo, para que apenas seamos más que un esperar sin expectativa. De lo contrario, o bien creeremos que creemos, o bien simplemente creeremos que es verdad lo que nos cuentan. Ahora bien, que fe y cruz vayan de la mano significa que la fe solo es fe donde el creyente se abre a lo increíble por imposible, resurrección incluida. Y ello en nombre del milagro de una bondad dada desde el horizonte del que, en sí mismo, es el eternamente aún nadie. A pesar de que no entendamos nada. O quizá por eso.

como si no

abril 8, 2022 § 3 comentarios

Asumir que no hay Dios sin el fiat del hombre cuesta tanto que seguimos dirigiéndonos a Dios como si no hubiera habido Encarnación. Como si Dios —el Padre— fuera por un lado y el crucificado-resucitado —el Hijo— por otro. Como si pudiera haber Padre sin Hijo. Por no hablar del Espíritu. Pues a menudo lo consideramos como una fuerza que va por su cuenta. Como si no procediera del Padre y el Hijo. Como si no fuera el espíritu de una esperanza, literalmente, increíble. Como si tan solo fuera un poder revitalizante, al margen de lo que tiene que decidirse al final de los tiempos.

en resumen (y 2)

abril 7, 2022 § Deja un comentario

Si te parece que es Dios, entonces no es Dios. Pues Dios no aparece como Dios, sino como el abandonado de Dios que se abandona a Dios.

en resumen

abril 6, 2022 § Deja un comentario

Religión: el hombre en manos de Dios. Cristianismo: Dios en manos de los hombres que dependen de Dios. No es exactamente lo mismo.

hijos en el Hijo

abril 5, 2022 § Deja un comentario

¿Qué significa decir que Dios se hizo hombre? Ciertamente, la expresión, de partir de un Dios ya hecho, lleva al docetismo y sus variantes. Pero, donde tenemos en cuenta que, desde un principio, Dios quiso reconocerse en el hombre, por decirlo así, la cosa cambia. Pues equivale a decir que Dios no quiso ser aún nadie sin el fiat del hombre. De ahí que Dios no tenga otro rostro —otra entidad— que la del cuerpo de quienes le son fieles. Para el creyente, el Padre sigue siendo, en sí mismo, un don nadie —como lo fue para el Hijo—, aquel que reclama la respuesta del hombre a su invocación para llegar a ser el que es. Su presente: el de quienes responden a su voz, la que se materializa, precisamente, en los parias de este mundo, el reverso de Dios. No en vano fue Pablo quien dijo aquello de que fuimos hechos hijos en el Hijo. Y por eso mismo, mientras haya creyentes, habrá Dios.

tres modos de creer

abril 4, 2022 § Deja un comentario

Esto del creer admite, diría, tres modos. El primero, se cree en lo que se cree: hay en los cielos un Dios que nos ampara a su modo. Podemos dirigirnos a él como el niño se dirige al ángel de la guarda. Se trata de la creencia más común. Sin embargo, no se distingue de las suposiciones que nos permiten cuadrar nuestro estar en el mundo. Con el segundo, creemos que es verdad que, por ejemplo, el crucificado es el quién de Dios. Que no hay Dios al margen de la cruz. En este caso, no hay propiamente fe, sino teología. De hecho, seguimos con lo nuestro. Aquí, la creencia revela tan solo una inquietud por la verdad. En el tercer modo, el creyente se encuentra por entero sometido a la voluntad —la voz— que se desprende de la radical trascendencia de Dios. No entiende del todo, pero es fiel. Es el que da de comer al hambriento en nombre de un porvenir que no está en sus manos asegurar. Y probablemente diga de sí mismo que no termina de creer.

todo bien

marzo 28, 2022 § Deja un comentario

La antigua fe —la de la cristiandad— se parece mucho a un todo en orden y muy satisfecho. Dios a veces cambia la sentencia, pero nunca, sus designios. El puzle cuadra. Como satisfechos pudimos dormir en paz. El Rey mantiene las cosas en su sitio. Poco que ver con la primera fe. En la cristiandad, Dios es el pantocrator, el presupuesto de una cosmovisión. Difícilmente, aquel que quiso ponerse en manos del hombre para llegar a ser el que será (y por eso mismo, un Dios cuyo porvenir está en el aire… aun cuando se nos haya hecho un spoiler).

¿existe Dios?

marzo 26, 2022 § Deja un comentario

Dios: o es, o existe. Si es, entonces no es Dios, sino una cosa cuya superioridad es inconcebible por inconmensurable. Si existe, entonces aún no es Dios. Los bonobos, las montañas, las moscas… no existen: son. Tan solo nosotros existimos (y por eso mismo, también Dios, en tanto que absolutamente otro o extraño). Pues existir significa estar en el mundo como arrancados de una alteridad tot court. El bonobo, contrariamente al hombre, no se tiene pendiente a sí mismo. No se pregunta por lo que quiere ser de mayor. Vive sin más. Como la rosa del Silesius. Se mueve como las bolas de billar tras ser golpeadas por el taco. En cambio, el hombre es su inquietud. Y quien dice inquietud dice no terminar de encontrarse en donde se está. El todo nunca será el todo para quien existe. Ni para el hombre, ni para Dios. Al menos, porque el vivir como arrancados supone estar en el mundo como quienes se hallan expuestos a una falta fundamental, precisamente, la de Dios o el otro como tal. Y por eso mismo, Dios existe como el que aún no es nadie sin el fiat del hombre. La existencia del hombre es el envés de la existencia de Dios. Evidentemente, no hablamos de un ente superior. Pero tampoco de una fantasía. En cualquier caso, porque Dios existe pudo llegar a ser en el centro de lo histórico como cuerpo de Dios. Ahora bien, en ese llegar a ser —en el reencuentro entre Dios y el cuerpo de Adán— se preserva la distancia de la alteridad. Y de ahí, el aparente galimatías de la Trinidad.

nietzscheanas 55

marzo 25, 2022 § 6 comentarios

¿Qué queda del cristianismo donde ya no sabemos qué hacer con la resurrección de los muertos? Queda Nietzsche. Y no porque Nietzsche fuera simplemente un heraldo del ateísmo, sino porque lo fue al tomarse el cristianismo al pie de la letra… donde ya no era posible creer en el relato de zombis buenos con el que terminan los evangelios. Como si este relato fuera el añadido de un final feliz ex machina que los productores de Hollywood obligan a introducir en aquellos guiones que terminan mal. De hecho, Nietzsche supo leer a Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, en definitiva, una insensatez. ¿Un Dios colgando de una cruz? ¿Y por amor a su criatura? ¿Es que hemos olvidado lo que significa ser un Dios? ¿Qué se le revela al apestado de Dios? Que el Padre no está por la labor. Como si no hubiera nadie más allá. Pues, si lo hubiera, como dijera Epicuro, en realidad no da la impresión de que se interese por nosotros. ¿Cómo podría hacerlo si la distancia que lo separa del hombre es análoga a la que media entre cualquiera de nosotros y las pulgas de nuestras mascotas? Sin resurrección, el abandonarse a Dios del abandonado de Dios es un delirio. Al menos, porque es como abandonarse a un nadie-ahí.

Ahora bien, Nietzsche fue posible porque modernamente carecemos de un lenguaje que nos permita comprendernos como aquellos que se hallan expuestos a un alteridad cuya realidad es la de un pasado inmemorial y, por eso mismo, la de un eterno porvenir. Ahora bien, esto es como decir que, como tal, no es. Al menos, porque no hay nada que sea que no se haga presente de una manera determinada. Dice Nietzsche: nada absolutamente otro por encima de nuestras cabezas. En cualquier caso, tan solo falsas representaciones del Otro. Y ciertamente no lo hay, en el modo del presente indicativo (aunque de ello ya se dieron cuenta, antes que Nietzsche, los profetas de Israel). Pero si Nietzsche hubiese leído a Hegel, quizá hubiera comprendido que el haber de una alteridad avant la lettre es, en realidad, lo que solo puede darse dejando atrás —esto es, fuera de los tiempos— su carácter enteramente otro o extraño. Esto es, negándose a sí misma, como quien dice, para llegar a ser en lo otro de sí misma. Dios solo puede darse como cuerpo de Dios (y no precisamente espectral). Y en esto consiste su poder: en su querer vaciarse de divinidad. O también, en su poder renunciar a su poder. De lo contrario, la voluntad de poder estaría por encima de Dios. Al fin y al cabo, la revelación cristiana consiste en un caer en la cuenta de que Dios es, en verdad, no lo que naturalmente imaginamos como divino, sino el cuerpo de un crucificado en su nombre. Y, sin duda, esto está muy cerca de decir que no hay Dios. Pero también lo está —de hecho, es lo que se anuncia— de afirmar que el nadie-ahí llega a ser alguien por la entrega incondicional del hombre de Dios (y por eso mismo, el cristiano confiesa que el crucificado es el quién de Dios, su modo de ser y no tan solo su ejemplificación). Es lo que tiene un Dios que depende del hombre que depende de Dios. No hay Dios al margen del crucificado que se abandona a Dios. Esto es lo que proclama el cristianismo. No, la religión. Y Nietzsche hubiera estado muy cerca de comprenderlo si no hubiera preferido erigirse, según palabras de Lou Andrea-Salomé, en el profeta de una humanidad sin prójimo.

amar la Torá antes que a Dios

marzo 22, 2022 § Deja un comentario

Esto lo dijo Levinas, en un escrito homónimo. ¿Una boutade? No me atrevería a decirlo. Sobre todo, viniendo de quien viene. El amor a Dios siempre es sospechoso de ser una variante del amor a uno mismo. En cambio, quien se encuentra sujeto a Dios es fiel a lo que se desprende de su inaccesibilidad: la vida como milagro y el mandato de preservarla de nuestra impiedad. Es decir, la Torá. Un creyente permanece sine die a la espera de Dios. Bíblicamente, lo decisivo con respecto a Dios siempre fue el mientras tanto.

Ex 3

marzo 21, 2022 § Deja un comentario

¿Una zarza que arde sin consumirse? ¿Qué hay tras el suceso paranormal? En primer lugar, aquí no se trata de un fenómeno excesivo, como pueda ser un tsunami o una supercélula, sino imposible. La experiencia de Dios en verdad no se da ante lo gigantesco —pues lo gigantesco es solo circunstancialmente gigantesco—, sino ante lo imposible. Hallarse expuesto a la trascendencia de Dios es, por tanto, encontrarse frente a lo que el mundo no puede admitir como posibilidad. Sin embargo, no es cuestión únicamente de interiorizar nuestro estar expuestos a la posibilidad de lo inconcebible. La imposibilidad de Dios, al fin y al cabo, la amenaza que envuelve el mundo, exige un ponerse en situación. La respuesta del hombre —la de Moisés, como fue la de Abraham— es un aquí estoy. Hablamos, consecuentemente, de una disponibilidad fundamental. YWHW, de entrada, se presenta como el Dios de los patriarcas. Como dando a entender que sin la fe del hombre, Dios no es. O como leemos en el Talmud, si tu crees en mí, yo soy; si no crees, no soy. Dios es el Dios que no quiso ser alguien sin la adhesión de su criatura. Lo decisivo, sin embargo, es lo que viene a continuación: he escuchado el clamor de los que sufren: ve y dile al faraón…. La disponibilidad del hombre es la que lo arroja a un tener que responder —a la responsabilidad para con Abel—. Pero ¿en nombre de quién?, replica Moisés. Esto es, con qué fuerzas cuento. Pero Dios no responde como Moisés hubiera preferido. YWHW dice simplemente soy el que soy —o seré, en traducción acaso más justa—. Esto es, ya se verá. El presente de Dios va ligado, por consiguiente, a su futuro. Un futuro que, sin embargo, dependerá de la respuesta del hombre a su invocación. De Dios, en los tiempos históricos, tan solo lo que se desprende de su extrema trascendencia, el don de la vida y el deber de preservarla frente a las formas de la impiedad. Es lo que tiene un Dios que depende del hombre que depende Dios. No cabe esperar, por tanto, ninguna intervención ex machina. Salvo que sigamos siendo unos fantasiosos. Pero la Biblia, a pesar de lo que nos parezca en un principio, no es un libro de literatura fantástica.

de la bondad y los buenos

marzo 13, 2022 § Deja un comentario

Creer en la bondad no es lo mismo que creer en la fe de las mujeres y los hombres buenos, los cuales, por lo común, terminan mal. Es cierto que muchos corazones limpios confían en la bondad de Dios. Pero confían porque no han estado en el infierno. Como le dijera el que siempre niega a Dios a propósito de Job: este cree en ti porque las cosas le van muy bien. A veces uno no puede evitar la impresión de que estamos simplemente ante una fe genérica en la bondad con el motivo de Dios. Sin embargo, si cristianamente cabe creer en la bondad no es porque esta creencia nos haga sentir mejor —y mejores—, sino porque hubo resurrección, lo cual, dicho sea de paso, pone el asunto de la fe muy cuesta arriba. Y es que sin resurrección de por medio, la creencia en el poder de la bondad deviene, sencillamente, una ilusión. Y la ilusión, sobre todo si es religiosa, es propia de iluminados. De ahí que creer como quien no quiere la cosa que la bondad lo puede todo nos haga olvidar que la fe apunta a lo increíble en nombre de una bondad que se hizo cuerpo donde no podía haber ninguna bondad. Cristianamente, la fe en la bondad es indisociable de un estar convencido de que hay algo así como un combate entre Dios y el príncipe de las tinieblas. Al menos, porque el creyente espera que, al final, la piedad se imponga sobre los poderes de este mundo. Y esto, ciertamente, es difícil de creer en tanto que no es posible creer en la resurrección, ese spoiler, como quien no quiere la cosa. Sobre todo, donde no esperamos ninguna redención, de lo suficientemente bien que estamos.

misterium

marzo 9, 2022 § Deja un comentario

Si Dios es el misterio del mundo —el factor pendiente que mantiene el mundo en la indecisión—, entonces Dios no es un ente que esté, literalmente, por descubrir. Y si Dios no es algo misterioso, entonces estaremos de acuerdo en que ni siquiera podríamos decir que hay Dios. Un Dios que existe, no existe, como decía Bonhoeffer. Israel, sin embargo, lo comprendió antes (y a través de siglos de sufrimiento). No en vano Dios es la promesa de Dios. Su haber no es el del presente indicativo. Un creyente permanece a la espera. Y mientras tanto, un tener que responder al que ocupa su lugar, el sin Dios. Ahora bien, lo que Israel ni siquiera imaginó es que la promesa de Dios —su tener lugar— se realizaría en un crucificado en su nombre. ¿Quieres ver a Dios? Ahí lo tienes, colgando de un madero. Es posible que aún no hayamos comprendido la audacia cristiana. De ahí que no sea secundario que la crisis del cristianismo tenga que ver con que ya no sabemos qué hacer con la resurrección de los muertos. Y es que sin resurrección de por medio, la declaración cristiana está muy cerca del ateísmo.

de buen rollo

marzo 8, 2022 § Deja un comentario

Hoy en día, el esquema religioso, al menos en la cancha cristiana, dice más o menos así: hay un Dios que cuida de nosotros porque nos quiere… solo que pasamos; la transformación consistiría, por tanto, en aprender a mirar el mundo con los ojos de la bondad de Dios (y obrar en consecuencia). Bien. Mejor, necesario. Sin embargo, este mensaje no se diferencia mucho del que presentan otras cosmovisiones (y quizá por eso mismo muchos cristianos de a pie den por hecho que las diferentes religiones promueven más o menos lo mismo). ¿La religión verdadera? Aquella(s) que transforma(n) nuestro corazón en un corazón puro.

Sin embargo, la confesión creyente parte de la cruz —de su elevación—. Y es que la fe comienza con el fracaso del hombre bueno. No parece que el mundo esté por la labor. Los verdugos ganan. Siempre. De ahí que, como dijera Pablo, sin resurrección, vana es nuestra fe. El riesgo de una pastoral que se limite a promocionar la bondad pasando de puntillas sobre la resurrección —o entendiéndola como una variante de la resiliencia— es el de acabar siendo una versión de los libros de autoayuda con la excusa de Dios. Esto es, que le falte seriedad. Ciertamente, el acontecimiento de la resurrección no es fácil de digerir. En realidad, nunca lo fue. Y este es el problema. Pero, en cualquier caso, a los que ya tienen una edad, no se les puede vender la moto de que el amor todo lo puede. Pues sin resurrección de por medio, esto, sencillamente, no es verdad.

el científico y el creyente (y 2)

febrero 27, 2022 § Deja un comentario

Por tanto, cristianamente hacemos trampas donde, a la manera del deísmo ilustrado, sustituimos el primer motor por un Dios-arquitecto. Pues, aun cuando nuestro mundo obedeciera al diseño de una inteligencia superior —aunque el cosmos no fuese el resultado del azar—, de topar con ella todavía no habríamos topado con Dios. En realidad, una inteligencia superior formalmente no se distingue de la que pudiera tener un extraterrestre. Y frente al extraterrestre, como frente a los antiguos dioses, la cuestión no es la de Moisés ante YWHW —qué debo hacer ahora si ahí arriba tan solo hay un Dios que aún no sabe quién es—, sino la de cómo lidiar con un poder desbordante. Y es que, según la confesión cristiana, no topamos con Dios hasta que no topamos con aquel que fue levantado en su nombre.

sobre el poder de Dios

febrero 24, 2022 § Deja un comentario

Es verdad que la frase de Bentué, una paráfrasis de la de Pablo, apunta al centro de la revelación. Ahora bien, la revelación cristiana es sumamente desconcertante para quien sepa qué significa ser un dios. De ahí la importancia de averiguar qué hay más allá del efecto sugerente de las grandes sentencias para, cuando menos, hacernos una idea de lo que estamos hablando. Pues la tesis cristiana no tiene nada de religiosamente obvio. Cuando nos referimos a un Dios impotente… ¿es que no caemos en una contradictio in terminis? Así sería en el caso del ídolo —de lo que se nos muestra espontáneamente como divino—. No lo es, en el caso de un Dios crucificado. La gran intuición cristiana con respecto a Dios acaso sea la que sostiene que el mayor poder reside en aquel que, siendo sumamente poderoso, renuncia a su poder. Y es que, de lo contrario, el poder de Dios estaría por encima de su voluntad. Sencillamente, hay más poder en quien renuncia al poder que en aquel que no puede hacerlo.

De hecho, el Dios bíblico es el Dios que no quiso ser Dios sin el fiat del hombre. De ahí que, en sí mismo, no sea aún-nadie donde el hombre le da la espalda. Adán tiene que encarar de nuevo a Dios para que Dios pueda reconocerse de nuevo en Él y, por eso mismo, volver a ser el Dios que quiso ser desde el principio. Y encarar a Dios supone encarar su silencio —su impotencia—, siéndole fiel hasta el final. Como hizo Jesús en la cruz. De ahí que la obediencia a Dios suponga obedecerle sin Dios mediante, en la noche oscura del alma. Es lo que tiene un Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. En cualquier caso, que la humillación de Dios pertenezca a la esencia de Dios, por así decirlo, hace saltar por los aires el prejuicio religioso. Y es que en la fidelidad a la voluntad de Dios —en la respuesta del hombre al clamar de Dios por el hombre— no está en juego solo el destino del hombre, sino el ser o no ser de Dios. Y esto no es algo que religiosamente podamos admitir como quien no quiere la cosa.

en manos de

febrero 12, 2022 § Deja un comentario

Uno de los vectores de la espiritualidad cristiana es el sentimiento de un hallarse en manos de. A pesar del aire de familia, este sentimiento no termina de coincidir con el de formar parte. El primero apunta a un Otro que solo se hace presente como el cuerpo del homo sacer. El segundo, en cambio, puede satisfacerse con el exceso de un cosmos anónimo. En cualquier caso, este segundo lleva las de ganar hoy en día. Pues tras la disolución de la figura paterna, díficilmente podremos tomarnos en serio que el Sí o el No de nuestra entera existencia depende de los invisibles, por apartados, que ocuparon el lugar del Padre.

equivalencias

febrero 6, 2022 § 1 comentario

Si estar ante Dios, cristianamente, es lo mismo que estar ante el que fue crucificado en su nombre, entonces no parece que quepa amar a Dios —y quien dice amar, dice entregarse— al margen de los crucificados con los que el crucificado se identifica. Y esto es así, aun cuando sea cierto que el cristianismo ha sobrevivido históricamente como si esto no fuera así.

parusia

enero 28, 2022 § Deja un comentario

Cuando la resurrección pasó a ser un largo me lo fiáis, el cristianismo se convirtió en otro asunto. No es casual que la esperanza en la resurrección se tradujera, en la mente de muchos creyentes, al lenguaje de la inmortalidad de alma (y aquí, estamos lejos de una nueva creación). Pues bien, hoy en día estamos con las mismas, aunque con respecto al cristianismo en general. Así, dado que no sabemos qué hacer con un Dios que quiso tener un cuerpo creemos que debemos traducirlo. Su impugnación del mundo queda disuelta, por tanto, en las aguas, siempre oceánicas, de la no-dualidad. Como si el cuerpo sobrara. Quizá no estaría de más volver a echarle un vistazo a los textos de Freud.

afrenta

enero 25, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que no tenemos que dar de comer a nuestros hijos, para constatar que nuestra riqueza, aunque sea honesta, es una afrenta para muchos. La indiferencia es la forma habitual de la impiedad. No todos partimos de la misma línea de salida. No todas las cigarras se rascaron el ombligo. Esto es obvio. Pero lo obvio es, precisamente, lo que obviamos. La fe comienza donde aceptamos que Dios no está por proceder ex machina. ¿Qué hace Dios? Nada más que lo que hizo: dejar espacio al hombre. Y para llegar a ser el que es.

dependientes

enero 24, 2022 § Deja un comentario

La cuestión religiosa es la cuestión sobre el poder supremo o último. ¿En manos de qué o quién nos hallamos? El problema, hoy en día, es que no admitimos fácilmente estar en manos de. El sujeto moderno se comprende a sí mismo en relación con su libertad. Y la libertad, tal y como se entiende modernamente, no suele hacer buenas migas con el sentimiento de absoluta dependencia. No en vano dicho sentimiento ha sido menospreciado como un residuo de la infancia por la crítica ilustrada a la religión. ¿Orgullo? Quizá. Pero también una liberación del poder eclesial. De ahí que la espiritualidad de nuestro tiempo, incluso donde los motivos siguen siendo cristianos, se decante por la sensación de formar parte en lugar de por el viejo sentimiento de dependencia. La pregunta es hasta qué punto esta espiritualidad, de conformarse con dicha sensación, sigue siendo cristiana. Pues, aun cuando ya no seamos siervos sino amigos, estar ante Dios supone un tener que responder a la demanda de aquellos con los que Dios se identificó in illo tempore.

y Dios quiso ser como nosotros…

enero 22, 2022 § Deja un comentario

Donde entendemos la encarnación sin partir de la historia que hay detrás, antes que confesar, creemos, con la carga emocional que implica, en la idea de un Dios que quiso ser como nosotros. Esto es, en vez de responder a la pregunta y tú quién dices que soy yo, lo cual es inseparable del seguimiento, preferimos dejarnos llevar por el poder de seducción del concepto. Y aquí casi da igual quién fue aquel que nos exige una respuesta: cualquier hombre de Dios puede representar a Dios, con lo que Dios se convierte en una especie de paradigma del amor o algo por el estilo. Dicho de otro modo, confesar que el crucificado es el quién de Dios —aquel que determina la identidad de Dios— es como confesarlo ante aquellos que cogieron el testigo. Pienso en un Grégoire de Ahongbonon, un Casaldáliga, un Lluís Espinal, una Teresa de Calcuta… Pues fuimos reconocidos como hijos en el Hijo. Es lo que tiene un Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios.

no matarás

enero 21, 2022 § Deja un comentario

Tendemos a interpretar los mandamientos como normas. Y en cierto sentido, lo son. Sin embargo, su profundidad es otra. Esta tiene que ver con la ambivalencia entre imperativo y futuro. No matarás, esto es, no debes matar; pero también, dejarás de matar. Hay un estrecho vínculo entre mandato y promesa. Como si el porvenir de Dios no pudiera realizarse sin la obediencia del hombre. En realidad, dicho vínculo apunta al factum de la trascendencia. Y es que podemos matar el cuerpo. Pero no lo que hay en el cuerpo de imagen de Dios. El yo de nuestra víctima, en tanto que continuamente difiere del cuerpo con el que se identifica, es inalcanzable. Aun cuando sea cierto que nadie sobrevive como fantasma.

de las analogías

enero 20, 2022 § Deja un comentario

Se dice, cristianamente, que Dios quiso ser como nosotros. Y nos lo imaginamos, análogamente: como cuando alguien quiere algo. Sin embargo, lo que hay tras estas palabras no puede decirse del mismo modo que habitualmente. Para hallar qué tienen de verdaderas tenemos que escarbar en el concepto —forzar el lenguaje. Sin embargo, aun cuando la verdad siga siendo esquiva, los resultados del pensar no se dejan traducir fácilmente al lenguaje de la devoción. Como dijera Platón, podemos ascender, pero una vez arriba será imposible deducir de lo que es en verdad al que pesca con caña. Salvo que hagamos trampas.

fe y nihilismo

enero 16, 2022 § Deja un comentario

Cristianismo y nihilismo andan muy cerca. Pues basta con que no sepamos qué hacer con la resurrección de los muertos —y aquí no vale traducirla a una vaga creencia en la inmortalidad del alma— como para que la confesión cristiana —Dios mismo cuelga de una cruz— adquiera un giro insólito. Pues dicha confesión, sin resucitados de por medio, es como decir que no hay Dios.

fe e imágenes

enero 14, 2022 § Deja un comentario

Las imágenes de las Iglesias pretenden provocar la sensibilidad, la reacción emocional. Sin el recurso de las imágenes, la pauta —en Israel, en el Islam— ocupa su lugar. Pues si la fe tiene que ser incorporada, el cuerpo debe seguir los pasos del alma. Incluso Dios tuvo que encarnarse para que su fe en el hombre no cayera en saco roto. No obstante, al cuerpo le cuesta. De hecho, no lo consigue sin traición. Al final, la desnudez, la impotencia, la ignorancia de quien ya ha leído todos los libros. Esto es, la exposición, la gracia. En el mejor de los casos.

extraños

enero 7, 2022 § Deja un comentario

No deja de ser extraño que vivamos y luego lo dejemos estar (a menudo, muy a nuestro pesar). Como si estuviéramos a prueba. O como si tuviera que haber un y continuará. No es el único modo de sentirlo. El primer Israel creyó que a lo único que podíamos aspirar, en el mejor de los casos, era a una vida larga y saludable. En modo alguno, a la inmortalidad. Y uno no puede evitar la idea de que acaso esta posición —una creencia es, al fin y al cabo, una postura— sea la más coherente con respecto a un hallarse bajo el exceso de lo divino. Aún gracias. La posición cambia, sin embargo, cuando nos preguntamos qué vida pueden esperar los que murieron antes de tiempo a causa de nuestra injusticia (y de ahí que Israel comenzase a especular con una nueva creación, aunque en modo alguno con una vida post mortem). En cualquier caso, Dios no resuelve lo extraño de nuestro estar arrojados al mundo. Y acaso la posición de quien permanece a la espera sea la posición creyente más honesta. Pues a veces resulta difícil eludir la sospecha de que la certeza sentimental sobre una existencia post mortem ahoga cuanto pueda haber de verdadero en nuestro estar expuestos a la desmesura de Dios.

cosmos

enero 1, 2022 § Deja un comentario

Quizá la experiencia más cercana que podamos tener del antiguo estar cabe Dios la tengamos imaginando que, habiendo perdido el contacto con la nave, nos desplazamos a la manera del viejo Job, aunque sin ir de la mano de Dios, por un cosmos sin duda excesivo y anónimo… en el que no contamos para nada ni para nadie. Para comprender —y no solo comprender— el anuncio cristiano quizá deberíamos partir de ahí. Pues el crucificado tuvo que experimentar algo parecido. De hecho, la fe, en tanto que confianza, nunca se basó en nuestra suposición de que nos hallamos bajo el amparo de un dios, sino en la fe de aquel que, abandonado de Dios, no podía humanamente seguir confiando. Y es que con respecto a la suposición, ciertamente, da igual un dios que otro.

fe y sentido

diciembre 29, 2021 § Deja un comentario

El credo tiene que ser dejado atrás para que sea posible la fe. Pues al final solo quedará una absurda confianza —y absurda porque se dirige contra la evidencia del mundo. Esto es lo que significa cargar con la cruz, la existencia cristiana como seguimiento: el corazón seco y la fidelidad intacta en nombre de la verdad del niño. El credo no pertenece a quien nos da la fe. En cualquier caso, a quien da fe. Pues el sacrificado, en tanto que apenas es algo más que su confianza, no posee el sentido de su sacrificio. Fe y credo quizá fueran de la mano durante los comienzos. Al menos, porque aún cabía creer en la resurrección como hecho. En los comienzos, lo decisivo no fue lo que la resurrección reveló acerca de Dios, a saber, que crucificado era el quién de Dios, sino el hecho de que Dios levantó al ajusticiado en nombre de Dios entre los muertos y que, por eso mismo, el fin de los tiempos era inminente. Hoy en día acaso no nos quede más remedio que creer en ella a la manera de Israel: en nombre de quienes soportan el peso de la bondad de Dios, lo imposible debe acontecer. Aun cuando no podamos concebirlo.

de miradas

diciembre 26, 2021 § Deja un comentario

En principio, lo que hay va a depender de la mirada —de su alcance. Ver cuanto te rodea con los ojos del asombro no es lo mismo que verlo con los ojos de la codicia. No es lo mismo partir del don que de la propiedad. No hablamos de pareceres, sino de puntos de vista que nos permiten apuntar a lo real en su carácter otro o ab-suelto.

Sin embargo, cabe un tercer grado, por decirlo así, aquel que consiste en ser mirado. De hecho, este es el inicio. Aunque lo obviemos. Aquí la cuestión es quién te mira —quién decide tu lugar en el mundo, esto es, quién es tu padre, tu señor. Y donde creemos que no dependemos de la mirada de nadie es que aún no hemos caído en la cuenta de que nuestro padre es la gente, con lo cual terminanos hundidos en lo impersonal: en lo que se dice, se hace, se espera. Al fin y al cabo, sometidos a lo objetivo —a lo que admite una medida—, cuando lo cierto es que no hay más realidad que la que, desde su más allá, interrumpe la certidumbre del espectador.

En este sentido, la audacia bíblica debería provocar, al menos, nuestra perplejidad. Pues desde la óptica de Israel lo decisivo es hallarse sujeto a la mirada del que no cuenta, el paria, el despreciado por el orgullo de los hombres. Estos, y no los que se llenan la boca con los asuntos de Dios, son el envés del aún nadie de Dios. Y lo que esto significa es que un creyente es aquel que, a la hora de hacer o deshacer, siempre se pregunta si lo haría de encontrarse en medio de aquellos que no tienen el pan de cada día. Aunque, sin duda, facilita las cosas el que ya se encuentre junto a ellos.

la sorpresa de los justos

diciembre 24, 2021 § 1 comentario

Cristianamente, ya sabemos qué debemos hacer: dar de comer al que no tiene el pan de cada día (y no lo tiene porque a otros nos sobra). Sin embargo, de hacerlo, nunca terminaremos de saber hasta qué punto nuestra intención es sin tara. Además, con el tiempo, tampoco podremos evitar la impresión de que actuamos de oficio. Y donde prevalece el oficio no hay aparición. Por suerte, cuanto más cerca de Dios, más alejados. No sea que pongamos a Dios al servicio de nuestra autojustificación. Así, puede que no sea accidental que la fidelidad encuentre su habitat en la sequedad del corazón —en la mera forma. De ahí, la sorpresa de los justos durante el día del Juicio. Pues solo al final sabremos de qué se trata… si es que hay un final. En realidad, la fe apunta a un imposible que, con todo, debe acontecer en nombre de una bondad hecha cuerpo. Una fe sin paradoja no es fe, sino opinión. Ahora bien, no será hasta entonces porque nadie puede dar la medida de sí mismo desde sí mismo. En el mientras tanto, todo es oscilación. O también, el trigo con la cizaña.

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