intimidades

agosto 15, 2022 § Deja un comentario

Porque ya no hay metarrelato que valga, porque no podemos sentirnos los protagonistas de Star Wars, hemos hecho de Dios un asunto íntimo, demasiado personal, algo así como una variante del angel de la guarda de la infancia, pero cargado de esteroides. Sin embargo, puestos a hablar de lo íntimo acaso no haya nada más hondo que la extrema exterioridad Dios. Tan extrema que anda rozando el nadie. Como los que no cuentan o están de más.

meta

agosto 14, 2022 § Deja un comentario

Lo que la Biblia tiene que decir sobre Dios no lo dice de Dios, sino de nuestra idea más o menos espontánea de Dios. Y lo que dice es, precisamente, que no cabe una idea —un concepto— de Dios. Y no porque Dios sea un ente indescriptible, sino porque, en sí mismo, carece de entidad. En este sentido, YWHW es un puro significante, estrictamente, un pro-nombre, el cual es, además, impronunciable, no solo por prescripción, sino porque no puede físicamente pronunciarse. Quien lo intenta no va más allá del balbuceo. La cuestión es por qué a Israel se le ocurrió este subterfugio para esquivar a los dioses del lugar —para reducir la impresión que nos produce lo gigantesco a una falsa impresión. Pues hacer de Dios un pro-nombre, esto es, un nombre cuyo referente está por ver —y lo seguirá estando hasta el fin de los tiempos— se encuentra muy cerca de decir que no hay dios que valga. La respuesta es que no se trata de una ocurrencia, sino del decir que traduce la experiencia de Dios de los abandonados de Dios. Y es que desde el sufrimiento indecente de tantos, todo discurso acerca de Dios deviene una crítica de la religión, un metadiscurso que convierte las palabras con las que nos hinchamos la boca a la hora de hablar de lo divino en palabrería.

fraternidad

agosto 13, 2022 § Deja un comentario

En nombre de Dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros. Y aquí alguien se preguntará: ¿acaso no podríamos prescindir del en nombre de Dios? No lo creo. Y no lo creo porque solo ante Dios, esto es, como huérfanos de padre y madre, el otro se revela como hermano. De prescindir de nuestra orfandad, creer que el otro es nuestro hermano no deja de ser palabrería, en definitiva, un alimentarse de viento. Pues al fin y al cabo, sin nuestro hallarnos expuestos a la extrema trascendencia de Dios prevalecerá lo que nos nos gusta del otro: su prepotencia, sus ideas, su mal olor. Esto es, prevalecerá la negación. Y ya sabemos quién es aquel que siempre niega.

lectura de los Hechos

agosto 11, 2022 § 1 comentario

Suele decirse que Lucas exagera: que las primeras comunidades no podían ser tan idílicas. De acuerdo. Sin embargo, de ello no se deduce que no hubiese ninguna que, en la eucaristía del domingo, no repartiera entre sus miembros el pan ganado durante la semana. Pues es de suponer que no todos ganaban el suficiente pan (y es así como Dios da el pan de cada día). Nadie de nosotros pasará hambre. Es lo que tiene habitar bajo el espíritu de la redención. Una lectura crítica de Lucas se queda corta donde se contenta con decir que las cosas, de hecho, no fueron tan puras; que en los orígenes hubo mucho juego sucio. Lucas, obviamente, no hace un documental. Pero tampoco se limita a ofrecer un desideratum o a edulcorar la realidad. Me atrevería a decir que Lucas, simplemente, se queda con lo bueno. Como esas parejas que, tras años de haber roto, y a pesar de que hubieran motivos suficientes como para romper, solo recuerdan los buenos momentos que pasaron juntos. Haberlas, haylas.

un falso Mesías

agosto 9, 2022 § Deja un comentario

Para comprender el alcance del mesianismo cristiano, de entrada hay que ponerse del lado de Israel: Jesús no pudo ser el Mesías. De hecho, fue, como diríamos hoy, un fake. Dios no salva si no es a través del Mesías. Y el Mesías, en tanto que heraldo de la redención, no puede ofrecer otra liberación que la política: a los prisioneros de Auschwitz no se los libera si no es sacándolos del lager. Ahora bien esto solo es posible a la fuerza. Y es obvio que Jesús no logró liberar a los que necesitaban esta liberación. De ahí que la confesión del crucificado como Mesías, por no hablar de su reconocimiento como cuerpo de Dios, suponga una alteración —en realidad una mutación— de lo que se entiende espontáneamente por divino. Pues que la omnipotencia de Dios se manifieste en su renuncia al poder apunta a un Dios que no es aún nadie donde el hombre le da la espalda. Y esto equivale a decir que Dios, en sí, es un clamar, precisamente, por el hombre, aunque su clamor lo escuchemos siempre a través de aquellos que claman por Dios.

salto de altura

agosto 8, 2022 § 2 comentarios

La fe es una apuesta o un salto, tal y como defendieron Pascal y Kierkegaard (y posteriormente, Karl Barth). No puede ser de otro modo tratándose de una ciega confianza. La cuestión es desde dónde se salta (y sobre la base de qué historia). Pues no parece que sea lo mismo saltar al pie de una cruz que dentro de las cuatro paredes del hogar. En este último caso, el salto responde únicamente a la insuficiencia de las razones. Y así nos decimos no sé por qué creo o creo en lo que siento. Y de ahí a la insustancial opinión media un paso.

Is 11,6

agosto 7, 2022 § Deja un comentario

Las imágenes de la esperanza bíblica son increíbles por imposibles: el león comerá hierba. Frente a ellas, nuestro nihilismo: la vida es voluntad de poder; la violencia es la partera de la historia; rudio y furia por cualquier parte. No podemos concebir un mundo sin que la sangre ensucie el suelo. De ahí que creer que el lobo habitará junto al cordero no es algo en lo que podamos creer como quien no quiere la cosa. Y aquí conviene diferenciar entre el creo y el dar por cierto lo que, en el fondo, es un ya me gustaría que fuese así, esto es, entre la fe y el whisful thinking. ¿Acaso no estamos hablando de otro mundo —de un reset de dimensiones cósmicas—? La cuestión, por tanto, es quién puede tomarse en serio que, al final, el leopardo se acostará con el cabrito. No, ciertamente, aquel que ya se encuentra satisfecho con el mundo que le ha tocado en suerte. Para los satisfechos, el mundo es, en cualquier caso, mejorable. Tan solo los desahuciados pueden esperar lo imposible. Es decir, que el mundo llegue a su término. La pregunta es en nombre de qué —o de quién—. Y la respuesta creyente es en nombre de un bondad que tuvo lugar donde no podía haberla. El creer, por tanto, o apunta a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad, comenzando por Dios mismo—, o no va más allá de la suposición.

Mt 16, 13-19

agosto 5, 2022 § Deja un comentario

Cristianamente,la cuestión acerca de quién es Dios se decide en la respuesta a la pregunta que Jesús le dirije a Pedro: ¿y tú quién dices que soy yo? De ello se desprende que no hay experiencia directa de Dios. Ni siquiera cerrando los ojos o contemplando un paisaje. Desde la óptica cristiana, la experiencia de Dios es aquella que topa con un crucificado en nombre de Dios. Es desde este topar —y solo desde este— que, cristianamente, integramos el Dios de los paisajes o el de los ojos cerrados, por así decirlo.

concilios

agosto 3, 2022 § Deja un comentario

La idea: se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Y añaden los concilios: esto es así, aunque no podamos entenderlo. ¿Por qué es así? Porque tiene que serlo si hubo redención. Y es que si en la redención solo interviene Dios —o únicamente el hombre—, entonces no hay propiamente redención, sino prodigio paranormal o premio para los cumplidores. El dogma es, al fin y al cabo, el resultado de una operación estrictamente lógica, algo así como un argumento trascendental a la kantiana que parte del factum de la redención. Sin embargo, el galimatías conceptual del dogma —y haberlo, haylo— obedece a que dicha operación se efectúa sobre la base de la noción de naturaleza. ¿Cómo pueden mezclarse dos naturalezas tan dispares… sin dejar de ser lo que inicialmente son? Un hombre que se convirtiera en chimpancé pasaría a ser, sencillamente, un chimpancé. La cosa cambia, sin embargo, cuando la realidad de Dios se entiende como la propia de una alteridad avant la lettre: Dios es, como Otro, un aún-nadie. Y de ahí que su modo de ser estuviera pendiente, por así decirlo, hasta el Gólgota. Eso del Dios verdadero y hombre verdadero significa, por tanto, que Jesús, el que anduvo por Galilea anunciando el Reino, es el quién de Dios —su modo de ser o esencia—. Como si la relación entre el Padre y el Hijo fuese la que mantiene el yo con su aspecto, tanto físico como psíquico. No hay identidad sin un diferir de fondo. Cristianamente, Dios es un Dios con cuerpo. Y esto no es fácil de admitir para quien parte de una sensibilidad típicamente religiosa, según la cual Dios es un Dios-ya-hecho desde el principio.

patriarcado bíblico

agosto 1, 2022 § Deja un comentario

Se dice que el Dios bíblico es padre… como pueda serlo un pater familias. Y algo de esto hay. Sin embargo, la metáfora del padre funciona de un modo muy distinto si tenemos en cuenta que, en la época y por lo común, un judío se quedaba huérfano de padre durante su pubertad. Esto es, la figura de Dios como padre en la Biblia apunta antes al sentimiento de una pérdida que al de una presencia asfixiante (otro asunto es que, en la práctica, dicha figura se viviera de una manera muy distinta). La fidelidad creyente no está exenta de responsabilidad hermenéutica, por así decirlo. Pues la pregunta es qué hubiera hecho papá en esta situación. De ahí que podamos decir que la religión de Israel, en tanto que una religión del padre, es la religión del hijo. El cristianismo, al fin y al cabo, nace como exégesis.

cristianismo trans

julio 31, 2022 § Deja un comentario

A los antiguos, que Dios se hiciera hombre —y no solo se vistiera como tal— les debió parecer tan aberrante como a muchos hoy en día la posibilidad de un cambio de sexo. ¿Un hijo transformado en hija? ¿Un padre, en madre? Más aún, si tenemos en cuenta que la transformación de Dios implicaba un cambio de naturaleza: como si tu hijo decidiera convertirse en mascota.

Con todo, el problema aquí reside en partir de la distinción de naturaleza entre el hombre y Dios. Pues la encarnación no se entiende —o se entiende mal— si no tenemos en cuenta que Dios aún no es nadie con anterioridad al fiat que se pronunció en el Gólgota. El hágase de la creación encuentra su envés en el hágase del crucificado.

pertenencia o autosuficiencia

julio 27, 2022 § Deja un comentario

Occidente ha estado marcado por dos figuras, la del sabio y la del santo (o lo que viene a ser lo mismo, por dos ciudades: Atenas y Jerusalén). El sabio se caracteriza por su autosuficiencia —por un estar por encima de cuanto (le) sucede. Así, todo desde una cierta distancia (y de ahí su ironía). En cambio, el sentimiento fundamental del santo es el de pertenecer a un otro. Su dependencia es como la del hijo con respecto al padre (y de ahí que su actitud básica sea el de la obediencia, la fidelidad, la misión). Evidentemente, hoy sintonizamos con el sabio. Pues entendemos que hay más libertad en el sabio que en el santo.¿Acaso el envés de la obediencia incondicional a un Padre no fue el Holocausto? Se dirá que el santo depende de un padre bueno, no del heraldo de Ha-Satán. Pero donde creemos en un Dios que es solo bondad, ¿no estamos sustituyendo a Dios por nuestra fe en la bondad?

Sin embargo, la perspectiva cambia donde caemos en la cuenta de que el santo no obedece a voces espectrales, a la manera de un esquizoide, sino a aquel que soporto sobre su espalda, precisamente, el peso de un Dios en falta (y por eso mismo ocupó el lugar de Dios). Dicho de otro modo, su obediencia es, antes que nada, seguimiento. Porque, en definitiva, no hay ningun lugar donde reposar. De hecho, el santo depende de aquellos cuerpos que nadie quiere a causa de su lepra. Como si fueran el cuerpo de Dios. Y esto nada tiene que ver con el fanatismo.

fase terminal

julio 20, 2022 § Deja un comentario

El cristianismo no se entiende si no es desde la fase terminal. Pues estrictamente no es solo una moral —no nos dice qué normas debemos seguir para alcanzar la plenitud—, ni tampoco solo un saber —hay un Dios que cuida de nosotros como si fuera nuestro padre, etc. Y es que en fase terminal, esto es, cuando apenas nos queda tiempo por delante no hay moral ni saber que se mantengan en pie. Tan solo cabe confiar o, lo que viene a ser lo mismo, esperar en nombre de. Y más si esta esperanza apunta a un volver a empezar frente al eterno retorno de lo mismo. De ahí que lo primero sea el seguimiento y no la adhesión a un corpus de verdades. Con todo, habrá un momento que uno tendrá que responder: y tú quién dices que soy yo.

Gn 18 1-10

julio 18, 2022 § Deja un comentario

Como es sabido, los tres visitantes, a los que Abraham acogió, le anuncian lo imposible, esto es, que cuando vuelvan, al cabo de un año, Sara habrá tenido un hijo. Y es imposible porque, como también sabemos, Abraham y su esposa son ancianos. ¿Qué se desprende del relato? En el fondo, que la hospitalidad es fértil, más allá de cualquier pronóstico. Ahora bien, uno es hospitalario cuando acoge —esto es, sin miedo o temor— al extranjero, al extraño u otro, aquellos, en definitiva, con los que Dios se identifica. Así, en vez de retroceder con precuación, Abraham ofrece alimento y refugio. Se trata de una variante del aquí estoy con el que Abraham respondió a la primera invocación de YWHW. De hecho, solo ante Dios —ante su aparición como indigente— podemos encontrarnos en donde estamos. Y por eso mismo, cesa toda inquietud —cualquier búsqueda. En su lugar, un tener que responder. Ciertamente, nos hallamos lejos del territorio de la fusión.

en breve

julio 17, 2022 § Deja un comentario

Que en verdad Dios se identifique con los nadie es un modo de decir que Dios no es nadie. O mejor dicho, nadie aún. De ahí que cuando nos dirigimos a Dios lo que deberíamos escuchar, más bien, es una interrogación (y no precisamente pronunciada con voz espectral): ¿y tú quién dices que soy yo? Pues de la respuesta dependerá —pues Dios así lo quiso— el ser o no ser de Dios. Desde la óptica bíblica, andamos lejos, por tanto, del dios que se da religiosamente por descontado.

el buen samaritano

julio 10, 2022 § Deja un comentario

Hemos escuhado la parábola cientos de veces. Y, por eso mismo, creemos saber de qué va su asunto. Como si se nos dijera que, ante Dios, lo decisivo es la compasión. Y, ciertamente, es así. Sin embargo, es posible que no percibamos el alcance de la parábola donde nos quedamos con esta moraleja. El samaritano era, en la época, un renegado de la fe de Israel, no tan solo un humilde. Un colaboracionista, hubiéramos dicho hoy en día. Imaginémonos, pues, que el escriba y el sacerdote fueran judíos que se dirigen a la ceremonia de la memoria. Aquí el culto no es una rutina religiosa: hay que preservar en el corazón el recuerdo de las víctimas del Holocausto. Y supongamos también que el samaritano fuese, precisamente, alguien que perteneció a los sonderkommandos o al grupo de los kapos de los barracones (por lo común, unos hijosdeputa). El escándalo está asegurado. Desde este punto de partida, las resonancias de la parábola son, sin duda, otras. Y es que nadie desde sí mismo —desde su convicción, por muy legítima que sea— puede asegurar que será capaz de dar el paso.

gnosticismo y cristianismo, una vez más

julio 7, 2022 § Deja un comentario

Grosso modo, uno cae en la tentación gnóstica cuando cree que la salvación, hoy diríamos la plenitud, pasa por participar, conectarse, sintonizar con el fondo nutricio de cuanto es, un fondo que, sin embargo, hay que descubrir. Todo pasa, por tanto, por el saber. El horizonte es, en definitiva, el de la unión con lo divino, al fin y al cabo, con su espíritu, fuerza, poder. De ahí la necesidad de diferenciar entre lo que nos parece vital y lo que es realmente vital. Muchas de las espiritualidades tan de moda actualmente son variantes del viejo gnosticismo. Al igual que los libros de autoayuda podrían entenderse como su versión secularizada. Difícilmente debería extrañarnos su éxito. Pues ¿quién no busca una solución?

No obstante, las coordenadas cristianas, a pesar del aire de familia, son distintas. Muy distintas. Y no porque el cristianismo niegue la redención, sino porque la conexión que nos propone es la que cabe establecer con un desconectado. La cruz representa, de hecho, la gran desconexión con lo divino. Y aquí el horizonte no es el de la unión, sino el del encuentro. Pues el encuentro preserva la distancia que supera. No es casual que, para los gnósticos, Jesús de Nazaret fuese un dios paseándose por la tierra, el cual no tuvo otra misión que la de enseñarnos el camino de vuelta a casa o, si se prefiere, un maestro de verdad. En modo alguno, aquel sin cuya absurda fe Dios seguiría siendo un nadie. El acontecimiento del Gólgota nos revela, precisamente, que no hay Dios al que conectarse como quien se conecta a un enchufe. Si hay Dios —si Dios se hizo presente en el centro de lo histórico— es porque el Hijo abrazó el silencio o impotencia del Padre.

Dios en realidad no se halla en su dimensión a la espera del ascenso del hombre. En cualquier caso, a la espera de la respuesta del hombre a su invocación. Pues en esta respuesta está en juego no solo el ser o no ser del hombre, sino también el de Dios. Cristianamente, Dios está lejos de lo magmático o etéreo. Dios en verdad tiene cuerpo —y ya sabemos qué cuerpo. En este sentido, no debería soprendernos que los evangelios, en vez de metodología, ofrezcan seguimiento. No es lo mismo. Pues seguimiento significa, como podemos leer en el libro del Éxodo, que primero obedeceremos y luego ya veremos. La meta nunca fue personal, sino cósmica. Y esto, desde nuestro lado, cuestra de tragar. Nada que ver con el conocimiento de la vía más adecuada para coronar una cima.

sobre el sábado

junio 29, 2022 § Deja un comentario

Es un tópico, dentro del cristianismo: no está hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre. La polémica, sin embargo, fue antes judía que cristiana. Dejando a un lado que Jesús no fue cristiano, no era la primera vez que se discutía sobre el asunto. En cualquier caso, no comprendemos el alcance de la provocación de Jesús si antes no le damos la razón a sus críticos. Y es que la Ley, para Israel, es sagrada. Para hacernos una idea, supongamos que, como supervivientes de Auchwitz, decidiéramos dedicar un día a la semana a la memoria de lo que sucedió. Aún llevamos el número tatuado en la piel. Pero somos conscientes de que el tiempo todo lo disuelve. De ahí que fácilmente sintiéramos la necesidad de presevar el recuerdo de lo que tuvo lugar y no simplemente pasó —de que siga, por así decirlo, incoporado en el día a día. Lo dicho: la Ley, en este sentido, es sagrada (y sagrado significa intocable). Pues Ley y fidelidad van de la mano. Y quien dice fidelidad, dice libertad. Al menos porque, de no respetar la Ley, caemos bajo el dominio de lo impersonal —bajo el yugo de la simple reacción a los estímulos de la circunstancia, de lo que me lleva ahora—.

Nos equivocamos, por tanto, donde hacemos una lectura excesivamente sentimental de la sentencia cristiana. Como si tan solo importara la Ley del corazón. Los críticos de Jesús probablemente debieron escuchar —o quisieron escuchar, de no ser honestos— algo así como que les zurzan a los de Auschwitz. Ciertamente, donde olvidamos el origen de la Ley —y esto es lo que ocurre, tarde o temprano—, la Ley acaba viviéndose como una prisión. Pero ello no quita que tenga su razón de ser. Ahora bien, por eso mismo, la pregunta —una pregunta que, recordemos, fue antes judía que cristiana— es qué excepciones admite la Ley —en nombre de qué o de quién—. Y la respuesta es, judíamente, inequívoca: aquellas que se desprenden, precisamente, de la fidelidad a la Ley. Pues, volviendo a nuestro ejemplo, si debemos mantener el recuerdo de las víctimas de Auschwitz es porque no hay derecho a que tantos mueran antes de tiempo a causa de nuestra impiedad. Porque, en definitiva, es en su nombre que la Ley es justa. Consecuentemente, si un superviviente llamase a nuestra puerta, tendríamos que abrírsela… aunque sea en sábado. O mejor dicho, porque es sábado.

endemoniados

junio 19, 2022 § 1 comentario

¿Hubo endemoniados? Pues claro. Al igual que, hoy en dia, ya no puede haberlos. En su lugar, esquizoides o psicópatas. Pero los antiguos, al ver endemoniados, no andaban equivocados. Como tampoco lo estamos nosotros al no poder verlos. Toda visión incorpora un cierto saber —una carga teórica. Ver es siempore un ver como. Ver un martillo supone ver un clavo. La interpretación va con la visión (y esto es así, al margen de que posteriormente se puedan añadir otras interpretaciones).

¿Sucede lo mismo con la visión de Dios? Sí, siempre y cuando la divinidad sea objeto de percepcíón, aunque sea indirectamente, a través de señales. En cambio, no es así cuando Dios no es dios, sino YWHW. Pues YWHW es el Dios que no se manifiesta como dios, sino como la alteridad que está eternamente por venir (y en esto consiste su eternidad). Un Otro que, como tal, no es aún nadie sin su otro de sí, su criatura, la que tiene que, por eso mismo, negarlo. (y esta negación da pie a la historia). El primer dios es irrelevante o anecdótico. El segundo, verdadero. Pues solo la trascendencia de Dios tiene lugar frente a lo que simplemente pasa. Y tiene lugar como lo que no admite ningún presente indicativo, ninguna representación o imagen… que no sea la de quién soporta sobre sus espaldas el peso de un Dios en falta (y obra en consecuencia) En cualquier caso, la señal de YWHW es la Creación, es decir, el todo como no-todo. No porque nos imaginemos a Dios como un artesano espectral, sino porque YWHW crea retrocediendo como Dios. De ahí que la existencia nos haya sido dada como la vida que (de)pende de Dios. Al fin y al cabo, el creyente (de)pende de su esperanza —del imposible regreso de Dios en cuanto enteramente otro.

No es causal que cristianamente, la señal decisiva sea lo que no cabe ver, sino únicamente confesar, a saber, que Dios se hace presente —regresa— como el cuerpo de un despreciado en su nombre. Porque Dios no es una posibilidad del mundo —y en este sentido, decimos que es imposible—, el envés de Dios es el excluido del mundo, el que no cuenta, el incontable.

de los nombres de Dios

junio 18, 2022 § Deja un comentario

Dicen muchos, hoy en día —y muchos que pasan por cristianos: el nombre no importa; lo que importa es la “cosa”, esto es, Dios. Así, los diferentes nombres reflejarían simplemente diferentes perspectivas de lo mismo. No obstante, lo que acaso ignoran es que esta es la tesis del antiguo paganismo. Fácilmente, podrían replicar ¿y qué más da? Y, sin duda, el asunto apenas importa si se trata de la cosa, aunque se añada algún adjetivo inusual como inconmensurable. Pero acaso importe si hablamos de la verdad de Dios.

En este sentido, no es causal que, bíblicamente, el nombre de Dios —YWHW— sea un nombre cuyo referente no es que esté por ver, como si Dios permaneciera oculto tras las cortinas, sino por venir. En la Biblia, el nombre de Dios no funciona como un nombre al uso. Y no lo hace porque carece de concepto. Pues el concepto es lo que orienta el nombre hacia su referente. ¿Shakespeare? El autor de Hamlet (y aquí, como es obvio, caben unas cuantas alternativas). Ahora bien, que carezca de concepto —que su modo de ser esté en el aire— es lo mismo que decir que no hay presente indicativo para Dios. ¿Dios? Vamos a esperarlo, mientras cavamos pozos de agua para los sedientos

El cristianismo, como sabemos, dará una vuelta de tuerca a este asunto. Pues la fe cristiana afirma, frente a cualquier expectativa religiosa, que el modo de ser de Dios —su presente, su referente— es el de un crucificado, precisamente, en su nombre. Y confesarlo no parece que equivalga a decir que da igual hablar de Zeus que de Júpiter.

Dios quiere…

junio 12, 2022 § 2 comentarios

Un sacerdote le dice a su feligreses: Dios quiere que no hagáis ostentación de vuestra riqueza. Otro, en cambio, que lo que quiere es justicia (y no sacrificios). El segundo, ciertamente, está más cerca de las Escrituras. Pero, en cualquier caso, ¿cómo saben lo que Dios quiere? ¿Acaso tienen línea directa? ¿Cómo distinguir a los falsos profetas… si es que un profeta, por definición, no habla más de la cuenta?

Tratándose de Dios, de la alteridad avant la lettre y, por tanto, de la extrañeza que abraza el mundo, uno podría sospechar, cuando menos, que si lo que quiere Dios nos satisface de entrada —si su voluntad nos permite seguir instalados en el hogar— es que la cosa no va bien. Pues la irrupción de Dios —la aparición del aún nadie— nos saca de quicio. Tiene que hacerlo si es que hablamos de Dios y no del dios a medida de nuestra necesidad de amparo. Al fin y al cabo, la voluntad de Dios se desprende de su inexistencia —de su paso atrás hacia un porvenir imposible, esto es, más allá de los tiempos.

De ahí que el verdadero profeta escuche la voz de Dios en el llanto de los sin Dios, el reflejo especular de la trascendencia de Dios. Y es que los excluidos del mundo —los que no cuentan— son el envés de la exclusión originaria de Dios, aquella por la que fuimos arrojados al mundo. Ante este Dios, el que huele mal a causa de su pobreza se revela como hermano. También, el heraldo del horror. No obstante, ambos se pueden mostrar igualmente como los que compiten por el pan de cada día —como rata, como enemigo. Que aparezca de un modo u otro dependerá, en definitiva, de si nos hallamos expuestos a la alteridad o si, por el contrario, seguimos incurvatus in se, alimentando a la bestia que llevamos dentro. Como si no fuéramos más que chimpancés.

creencia y verdad

junio 10, 2022 § 2 comentarios

Si nunca te has preguntado por la verdad de tu fe —si te contentas con lo que sientes como verdadero—, entonces probablemente esa fe solo tenga que ver contigo. La usas como puedas usar un tenedor: para satisfacer tu hambre. Aquí la creencia no rebasa el horizonte de la suposición. También podemos suponer que hay karma o que los astros deciden nuestro destino. Es un error creer que la experiencia se reduce a la sensación.

Sin embargo, y con respecto a la fe, tampoco se trata de encontrar esos hechos que se correspondan con los enunciados del credo. No hay hechos que sean químicamente puros. La verdad de la fe tiene que ver con lo que en verdad acontece, esto es, con las cosas últimas y no con una descripción aséptica de lo que simplemente sucede o pasa. Ahora bien, cristianamente, las cosas últimas no son cosas, sino palabra. Para un cristiano, lo decisivo es que Dios nos dio su palabra. Y aquí por palabra entendemos nombre y promesa. Traducción: al final, solo contamos con el nombre de Dios —precisamente, el de un crucificado en su nombre— y una promesa que no podemos tomarnos en serio donde aún confiamos en nuestra posibilidad. Aunque esto último no significa que el cristiano espere la intervención de un titiritero espectral. Pues que Dios sea el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios dificulta, si es que no lo impide, que podamos seguir suponiendo, como quien no quiere la cosa, que Dios está ahí arriba como las focas puedan estar en el ártico.

pater, domus

junio 5, 2022 § Deja un comentario

La cristiandad, ciertamente, acabó llevando al cristianismo de nuevo a casa. Esto es, transformando lo que, en principio constituía una superación de la relación religiosa del hombre con Dios en una religión entre otras. Y de esas lluvias el barro de las espiritualidades aconfesionales de hoy en día. Pues si la divinidad es, en el fondo, la misma, las diferentes devociones son simplemente aspectos. De ahí que pudiéramos considerar el actual revival de las espiritualidades como un neopaganismo. Al menos, porque el presupuesto del paganismo es, de hecho, que da igual referirse a Zeus o a Júpiter.

Pero ¿por qué la confesión cristiana supera la religión (y aquí superar significa conservar de algún modo lo que es dejado atrás)? En la cristiandad, Dios funciona como ente divino. Es decir, como el dios del que dependen sus criaturas análogamente a como los hijos dependen de sus padres. En el cristianismo, sin embargo, la relación es un tanto distinta. Pues el Dios que se reveló en el Gólgota es el Dios que, desde el principio, quiso depender del hombre que depende de Dios. No se trata exactamente de lo mismo. Y es que aquí la analogía sería la de un padre que, ya convaleciente o en fase terminal, está en manos de unos hijos que se le fueron abruptamente de casa, de tal manera que, en tanto que sigue siendo su padre, su absolución o condena dependerá de que lo acojan o, por el contrario, sigan con la suya. Como si no tuvieran padre.

Al fin y al cabo, la cuestión que el cristianismo pone encima de la mesa —¿quién es en verdad nuestro padre?— no es accidental. Pues nadie quiere nada, en cualquier caso simplemente desea, donde ignora que quiere de él su padre. Es cierto que también podemos decirnos a nosotros mismos que no tenemos padre. Pero aquí podríamos preguntarnos qué ídolo ha ocupado su lugar.

paradojas de la creencia

junio 4, 2022 § 1 comentario

Llamas a Dios en la intimidad. De acuerdo. Pero ¿podrías aceptar que te cogiera el teléfono? ¿O que se te apareciese, da igual en qué forma, diciéndote soy Dios, qué quieres de mí? ¿Acaso nos extrañaríamos de que nos respondiera aquel al que le enviamos un whatsapp? Esto de por sí ya nos da a entender que, incluso para quien se dirige a Dios religiosamente, Dios no es un dios. No puede serlo. Y esto es una herencia cristiana. Pues un pagano, probablemente, no habría tenido ninguna dificultad con que un dios se le apareciese. Aunque fuese bajo el aspecto de un sapo. Como cristianos —o si se prefiere como herederos del cristianismo—, un ente superior no es más que un ente superior con el que hay que saber lidiar. Esto es, un dios. Y un dios solo se distingue de las focas, pongamos por caso, por su naturaleza.

Sin embargo, el Dios bíblico carece de naturaleza —de concepto. YWHW es un Dios que tuvo en el aire su identidad —que ignoró quién era mientras Adán le siguió dando la espalda. Cristianamente, Dios no tiene otro modo de ser que el del hombre que fue Jesús de Nazaret. Y no lo tiene porque Dios quiso —porque Dios es esta voluntad. O por decirlo en clave trinitaria, el Padre no es aún nadie sin el Hijo (y viceversa). Para la fe cristiana, Dios aparece como cuerpo —y como cuerpo que conserva las marcas de la cruz. Dios es su historia, en absoluto algo inconmensurable. Ahora bien, esto no termina de coincidir, diría, con el dios-denominador-común de las espiritualidades tan de moda hoy en día. Pero este es otro asunto.

ciencia y mito

junio 2, 2022 § Deja un comentario

Todo nos ha sido dado —todo es donación— por el paso atrás de Dios. La explicación científica no anula lo anterior. Pues que el puro haber de Dios, el cual roza con la nada —o mejor dicho, el nadie—, no sea sin que retroceda en favor del haber del mundo, no es algo que exija una explicación. Y no la exige porque no la admite. Una explicación apunta a las cosas que anteceden —y a las leyes que fuerzan la conexión. Pero el origen no es cosa en absoluto. El lenguaje del hágase originario, por así decirlo, pertenece al mito, aunque no a cualquier mito, sino a aquel que funciona, aunque en clave imaginativa, a la manera de un argumento trascendental, esto es, a la kantiana. O también, al mito que se presenta con una lógica implacable. Y quien dice lógica implacable, dice hegeliana. Al fin y al cabo, la Lógica de Hegel es mito hecho concepto. Quien se contenta con la explicación científica aún tiene que responder a la pregunta de Leibniz: por qué algo en vez de nada. Y aquí, la respuesta no puede ser, evidentemente, una cosa última. Si hay algo en vez de nada es porque, en definitiva, hay la nada. Aunque el haber de la nada —o del nadie— no sea sin su negación.

Así, quizá esté más cerca de la verdad aquel supersticioso que cree que el árbol lo ha puesto Dios para que nos dé sombra o podamos alimentarnos con sus frutos que aquel para el cual un árbol no es más que un árbol. La tautología no es el principio de la lógica, sino la implicación de los contrarios. Con todo, sigue siendo cierto aquello de traduttore, traditore. Pues, a pesar de lo dicho, Dios en realidad no es un fantasma bueno. Aun cuando, el cristianismo siempre tuvo esto en mente. Pues el equivalente a la crítica ilustrada a la religión tuvo su condición de posibilidad en el acontecimiento del Gólgota.

de apariciones

mayo 23, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que eres de los que viven en las aceras o en un coche, con tus hijos a cuestas y a los que apenas tienes que darles de comer, para intuir, cuando menos, por dónde van los tiros de una verdadera epifanía. Pues es suficiente con imaginar a continuación que alguien te preguntase sinceramente qué puedo hacer por ti y por tus hijos, mientras el resto sigue con lo suyo. Y además lo hiciera. El cristianismo no reconoce otro Dios que aquel que quiso incorporarse como hombre de Dios. Y esto está lejos de ser una fantasía.

setze jutges…

mayo 17, 2022 § Deja un comentario

El pobre, según Hume, inspira nuestra compasión —una reacción empática. Según el cristianismo, no solo: también nos juzga. Por un lado, el pobre nos invoca. Pero, por otro, nos obliga a responder a su acusación. Sin embargo, no entendemos que ante él nos hallemos realmente sub iudice, donde nos encontramos por encima, tan satisfechos de habernos conocido. Esto es, no lo entendemos hasta que no caemos en la cuenta de que su demanda, en el doble sentido de la palabra, es una oportunidad de redención.

sheol

abril 23, 2022 § 1 comentario

¿Qué pueden esperar los muertos en vida? ¿Aquellos para los que todo es No? ¿Para el que está solo en una celda de aislamiento? Todo es oscuridad para el deprimido. Al resto, las cosas les van más o menos bien. No a ti. No cuentas, no eres nadie. Perteneces al sheol. ¿Dios? ¿Puedes creer que siempre te acompaña y que sufre contigo? Esta creencia ¿no se encuentra cerca del placebo? Que Dios sea un Dios de vivos puede entenderse de dos modos. O bien, que no hay Dios para los muertos. O bien, que Dios no quiere que mueras —y de ahí la esperanza en la resurrección. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asunto de la resurrección de los muertos es, cuando menos, problemático, la anterior alternativa es como decir o la tierra es redonda, o soy Napoléon. Y evidentemente, no eres Napoleón. Traducción: o la cruz es un fracaso —y el destino del hombre de Dios es topar con la falta de Dios—, o el crucificado es el Hijo de Dios. Y sin resurrección, lo segundo suena a broma.

jesuología

abril 18, 2022 § Deja un comentario

Dicen, algunos: no creo en las iglesias, ni en sus dogmas; creo en Jesús. Esto es, en su causa. Sin embargo, Jesús, el profeta, fracasó. ¿Su causa? Una causa perdida. Moloch gana. Los partidarios de Jesús a secas harían bien en releer a Pablo y en concreto 1Co 15, 14. O resurrección de los muertos, o nihilismo. Aunque esto sea como decir nihilismo. Sobre todo, donde ya no nos comprendemos como aquellos que se encuentran expuestos a la imposible posibilidad de la bondad. Ni cultural, ni existencialmente.

¿qué esperar?

abril 17, 2022 § Deja un comentario

¿Qué esperanza para Caín? ¿Acaso el perdón de Abel? Sin embargo, para ello debería levantarse de entre los muertos. Y es que únicamente la compasión de su hermano puede resetear la existencia del fratricida. ¿Como le ocurrió a Pablo? Probablemente. Pues, asistiendo a la ejecución de Esteban, y tras su perdón, Pablo pasó de exterminar a los seguidores de Jesús a proclamar su evangelio. O como contaba aquella mujer, que estando prisionera en los campos de Pol Pot llegó a arrancar la comida de la boca de su hija, la cual murió, días después, de inanición: que lo único que esperaba era poder encontrarse con su hija más allá de la muerte para que pudiera perdonarla… y comenzar juntas de nuevo. Obviamente, se trata de un imposible.

Ahora bien, el cristianismo no profesa otra fe. Sencillamente, los muertos deben resucitar en nombre de aquella bondad que nos fue dada en medio del horror. De lo contrario, no hay redención para el culpable. ¿Y quién no lo es, al menos a causa de su pasar de largo? Quizá, por eso mismo, la esperanza en la resurrección de los muertos concierne antes a los culpables que a la víctimas. Pues no solo se trata de que los que murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad puedan vivir la vida que les resta. Los muertos tienen que resucitar para que las víctimas puedan apiadarse de sus verdugos. La justicia de Dios es, antes que venganza, una última oportunidad. Hay esperanza, precisamente, porque Dios espera. El juicio de Dios arranca con el perdón del crucificado. De ahí que el verdugo se condene donde, tras el gesto de misericordia, recoge de nuevo el hacha. Y aquí la condena es una eternidad sin rostro (al menos, porque la existencia deviene eterna para quien está solo).

En cualquier caso, la resurrección sigue siendo, literalmente, increíble. No es algo que podamos esperar desde nuestro lado. Sin embargo, Dios o tiene que ver con lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad, esto es, con lo inconcebible en nombre de; o no es Dios, sino un trampantojo al servicio del onanismo espiritual. En definitiva, o resurrección, o nihilismo. Y para aquellos que no nos encontramos abiertos a la imposible posibilidad de Dios, esto es como decir nihilismo. Pero por suerte —o mejor dicho, por gracia— hubo quien permaneció abierto por nosotros, los incapaces. Pues solo por su fe cabe la fe.

Cristo, ¿un campesino judío?

abril 15, 2022 § Deja un comentario

Hace un siglo, Rudolf Bultmann puso sobre el tapete la disyuntiva entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Aunque no fuera este el propósito de Bultmann, lo cierto es que la distinción sugería, cuando menos, que el Cristo de la fe era una interpretación… entre otras. A partir de entonces proliferaron una serie de imágenes alternativas: desde el Jesús guerrillero hasta el Jesús cínico. Sin embargo, la cuestión no es si caben diferentes interpretaciones —pues resulta obvio que sí—, sino si la confesión creyente fue originalmente una interpretación. No me atrevería a decirlo. Y es que una cosa es interpretar desde la grada —y aquí la interpretación se añade, por decirlo así, a lo que se ve— y otra muy distinta ver de un cierto modo, lo cual es, en cualquier caso, inevitable. De hecho, no hay visión que no incorpore en su seno una carga teórica. Ver es siempre un ver como. Así, por ejemplo, quien ve un martillo, ve un clavo. Siempre y cuando pertenezca a un mundo en el que haya martillos, no ve en primer lugar una cosa que, a continuación, interpreta. Directamente, ve el clavo que acompaña al martillo. En este sentido, la visión de lo que hay supone un reconocimiento. Cuando topamos con un amigo tras años sin verlo, no estamos propiamente interpretando, sino reconociendo… aunque, en un primer momento, podamos dudar. Vemos al amigo como lo que es, a saber, un viejo amigo. Si hoy en día fácilmente damos por sentado que el Cristo de la fe es una interpretación entre otras, quizá sea porque ya dejamos atrás los presupuestos culturales —los pre-juicios— que hicieron posible su reconocimiento. Y quien dice presupuestos, dice mundo.

topar con Dios

abril 14, 2022 § Deja un comentario

Para el sujeto moderno, como para Israel, Dios no es un ente superior. De topar con dicho ente, aún no habríamos topado con Dios. Tan solo con un ente con el que deberíamos lidiar. De hecho, con Dios, como tal, no cabe topar. Incluso en los cielos, seguiría estando por ver. Sin embargo, no hay relación con Dios que no implique la pobreza del hombre, su descentramiento. El exceso de Dios sitúa al hombre en la perferia. La dependencia del hombre con respecto a Dios no es, por tanto, la del perro con respecto a su amo —no se trata del sentimiento de dependencia propio de la infancia—, sino la de aquel que, bajo el cielo impenetrable de los Auschwitz de la historia, clama por una redención que no está en sus manos asegurar, aunque tampoco solo en las de Dios. Cristianamente, todo comienza al pie de una cruz. ¿Topar con Dios? Por supuesto: ahí está, colgando.

ex machina, insistimos

abril 12, 2022 § Deja un comentario

Dios, como dijera Bonhoeffer, no está para tapar agujeros. Tampoco puede. Pues lo primero en Dios es su renuncia a ejercer la divinidad desde otra altura que no sea la de la cruz. Sin embargo, quienes se encuentran sin salida, ¿pueden prescindir de una liberación ex machina y seguir creyendo? Quizá debamos prestar más atención a la fe de Israel. Pues es posible que, al final, para los hundidos no haya otra esperanza que la mesiánica. Que Dios en verdad sea un Dios encarnado significa, entre otras cosas, que no tiene otros brazos que los nuestros. Y esto no parece que conjugue con la idea, presente aún en muchas cabezas cristianas, de que Dios es algo así como una variante espectral del primo de Zumosol. Ciertamente, preferiríamos una solución milagrosa al sufrimiento. Pero Dios en verdad nunca se ajustó a nuestras preferencias.

creencia y escathon

abril 11, 2022 § Deja un comentario

La creencia en Dios, tal y como se entiende por lo común —a saber, hay un Dios que es amor, mientras nosotros tenemos la opción de vivir conforme a su voluntad—, es algo así como el modelo que nos permite cuadrar el puzle de la existencia. De este modo, permanecemos bien situados. Ya sabemos a qué atenernos. La cosa no cambia donde en lugar de un Dios personal colocamos el lado luminoso de la fuerza (o cualquiera de sus variantes). Sin embargo, la creencia aún no es fe. Pues esta última implica una confianza que no es exactamente la que exige una hipótesis de trabajo. Y esta confianza apunta inevitablemente a un final de los tiempos en los que se pronunciará una última palabra. Así, todo está por decidir. Y más si Dios no es un deus ex machina, sino el Dios que depende del hombre que depende de Dios. La fe se erige, por consiguiente, sobre un interrogante: en definitiva, qué será —cómo se resolverá— lo que ahora oscila entre la luz y la oscuridad. No parece que pueda haber fe donde la existencia no se comprende, de algún modo, como un combate entre el Bien y el Mal. En la creencia hay demasiado saber como para que podamos hablar de verdad. Como si la cuestión se hubiera resuelto antes de tiempo. Y es que bíblicamente, la verdad no tiene que ver con el presente indicativo, sino con un futuro absoluto, un futuro que, en tanto que absoluto, no termina de coincidir con lo que fácilmente podemos suponer desde nuestro lado.

hecho, significado y resurrección

abril 10, 2022 § Deja un comentario

Toda visión incluye un cierto saber. Así, quien ve un carro ve el cargamento, aunque vaya de vacío. O también, a quienes se les apareció el crucificado vieron al que fue levantado por Dios como Hijo. Una cosa va con la otra. Con todo, es posible retener tan solo el significado que soportaron los hechos originales, una vez somos incapaces de ver lo mismo. Así, muchos cristianos actualmente aún pueden admitir a Jesús como Hijo, aunque sea pasando de puntillas con el asunto de la preexistencia. Pero difícilmente, la historia de zombis buenos con la que terminan los evangelios. Sin embargo, donde ya no sabemos qué hacer con el hecho de la resurrección, salvo traducirlo —y traducirlo es no saber qué hacer—, el cristianismo queda herido de muerte. Y puede que este sea un síntoma de que un haber olvidado que la fe siempre apuntó a lo imposible-en-nombre-de.

nihilismo cristiano

abril 9, 2022 § 2 comentarios

Dar de comer al hambriento; perdonar a tu verdugo… ¿Es posible donde aún pertenecemos al mundo? ¿Acaso esta posibilidad no pasa por estar muertos? Y esto significa sin esperar nada a cambio. Ni siquiera el reconocimiento de Dios. ¿Hermanos? Sí. Pero como huérfanos. En realidad, Jesús murió sin poseer el sentido de su muerte. Aunque se abandonase a Dios. En esto consiste el mayor descentramiento, la ascesis suprema. Que además sea el camino debería, cuando menos, desconcertarnos.

Se nos dirá: “sin embargo, hubo resurrección. Y con la resurrección la cosa cambia: tenemos un hacia dónde, incluso en medio del horror. Ahí están los mártires.” Ciertamente, la resurrección nos ofreció un hacia dónde. Pero en la cruz, hasta los mártires se tambalean. Pues la cruz es la crisis de la creencia. Hay que pasar de nuevo por donde pasó el Hijo para incorporar la fe que trasciende la creencia, para hacerla cuerpo, al fin y al cabo, para que apenas seamos más que un esperar sin expectativa. De lo contrario, o bien creeremos que creemos, o bien simplemente creeremos que es verdad lo que nos cuentan. Ahora bien, que fe y cruz vayan de la mano significa que la fe solo es fe donde el creyente se abre a lo increíble por imposible, resurrección incluida. Y ello en nombre del milagro de una bondad dada desde el horizonte del que, en sí mismo, es el eternamente aún nadie. A pesar de que no entendamos nada. O quizá por eso.

como si no

abril 8, 2022 § 3 comentarios

Asumir que no hay Dios sin el fiat del hombre cuesta tanto que seguimos dirigiéndonos a Dios como si no hubiera habido Encarnación. Como si Dios —el Padre— fuera por un lado y el crucificado-resucitado —el Hijo— por otro. Como si pudiera haber Padre sin Hijo. Por no hablar del Espíritu. Pues a menudo lo consideramos como una fuerza que va por su cuenta. Como si no procediera del Padre y el Hijo. Como si no fuera el espíritu de una esperanza, literalmente, increíble. Como si tan solo fuera un poder revitalizante, al margen de lo que tiene que decidirse al final de los tiempos.

en resumen (y 2)

abril 7, 2022 § Deja un comentario

Si te parece que es Dios, entonces no es Dios. Pues Dios no aparece como Dios, sino como el abandonado de Dios que se abandona a Dios.

en resumen

abril 6, 2022 § Deja un comentario

Religión: el hombre en manos de Dios. Cristianismo: Dios en manos de los hombres que dependen de Dios. No es exactamente lo mismo.

hijos en el Hijo

abril 5, 2022 § Deja un comentario

¿Qué significa decir que Dios se hizo hombre? Ciertamente, la expresión, de partir de un Dios ya hecho, lleva al docetismo y sus variantes. Pero, donde tenemos en cuenta que, desde un principio, Dios quiso reconocerse en el hombre, por decirlo así, la cosa cambia. Pues equivale a decir que Dios no quiso ser aún nadie sin el fiat del hombre. De ahí que Dios no tenga otro rostro —otra entidad— que la del cuerpo de quienes le son fieles. Para el creyente, el Padre sigue siendo, en sí mismo, un don nadie —como lo fue para el Hijo—, aquel que reclama la respuesta del hombre a su invocación para llegar a ser el que es. Su presente: el de quienes responden a su voz, la que se materializa, precisamente, en los parias de este mundo, el reverso de Dios. No en vano fue Pablo quien dijo aquello de que fuimos hechos hijos en el Hijo. Y por eso mismo, mientras haya creyentes, habrá Dios.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando la categoría WALLY en la modificación.