hojas de morera

febrero 14, 2024 § Deja un comentario

Si a los gusanos de la seda se les apareciese el niño que juega a cuidarlos y verlos crecer, no podrían evitar la impresión de que han visto a un dios. Por supuesto, se equivocarían. Para esos gusanos, el niño solo puede ser un dios en apariencia, es decir, un ídolo. Puede que aún no hayamos asimilado —por no decir, aceptado— que Dios en verdad no aparece como dios, sino como un apartado de Dios (y por Dios). Que su desmesura es la de su vaciamiento de sí y no la de lo gigantesco.

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