divina verdad
marzo 5, 2024 § Deja un comentario
Una existencia reflexionada —una vida examinada— posee más valor que una vida sin reflexionar, escribió Platón hacia el final de su Apología. Sin embargo, lo que Platón no ignoraba es que no podemos incorporar los resultados de la reflexión. Esto es, difícilmente la sensibilidad quedará modificada por dichos resultados. A lo sumo, habremos abandonado la presunción de inocencia —la cretinidad: el saber solo podrá expresarse como un tomar conciencia de la propia ignorancia. Hay una escisión insuperable entre lo que sabe el cuerpo y el saber del alma. Así, por ejemplo, sabemos que la tierra da vueltas alrededor del sol. Sin embargo, vemos que el sol se mueve… y por eso mismo, en el día a día, permaneceremos presos de esta visión. El cuerpo gana.
De ahí que, para Platón, la verdad —en el sentido de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— fuese un asunto divino. Hay verdad, pero no para nosotros —por parafrasear a Kafka. Para nosotros, las apariencias, la ilusión, el trampantojo. O por decirlo a la manera de Eliot: no podemos soportar demasiada realidad. En el mejor de los casos, vislumbraremos su destello. Pero seguiremos habitando la oscuridad. No hay otro punto de partida para la vida del espíritu.
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