The Conjuring
julio 8, 2024 § 2 comentarios
Muchos creen en Dios como aquellos que creen en fantasmas. Así, hay Dios como hay fantasmas. Sin embargo, diría que su posicionamiento ante la creencia no es, exactamente, el mismo. Quienes se toman en serio su creencia en espectros viven para localizarlos. Donde hay noticias de una casa encantada, ahí van con sus detectores. Algo parecido podríamos decir de quienes se dedican a buscar señales de vida inteligente en los confines del cosmos.
En cambio, no parece que quienes dan por sentado que hay un Dios ahí arriba estén muy interesados en encontrarlo. Quizá porque dan por hecho que eso, precisamente, no es posible. Pero, en cualquier caso, ¿cómo es que no sienten un continuo estremecimiento? A los cazafantasmas ¿acaso no se les eriza la piel al entrar en donde se escuchan voces? Los padres que están convencidos de que pueden volver a hablar con el hijo que murió ¿no contratarán los servicios de un medium? Más aún, los mismos que dicen creer en Dios ¿no son los primeros de tachar de enfermos mentales a quienes se obsesionan con la aparición de Dios? Que puedan seguir creyendo ¿es que no depende de que Dios sea obviado, precisamente, una vez lo dan por descontado? Y que esto sea así, ¿no nos da a entender que, más que creer en Dios, permanecen instalados en su idea de Dios… la cual está, por eso mismo, al servicio del mapa mental que dota de sentido a su existencia?
Hola Josep, te he estado leyendo este último tiempo, y escuchando algunas de tus conferencias. Qué decirte. Primero agradecer tu fidelidad al cristianismo más radical. En tu perspectiva nos llevas de cabeza al misterio de la cruz. Nos dices que Dios tiene cuerpo, y que huele mal. Nos invitas a creer en la resurrección, y a devolverle al cristianismo su valor escatológico apocalíptico. Me arrojas al abismo de la nada de dios y del sufrimiento de los pobres, y a hacer una apuesta de fe desde allí. A vivir bajo el juicio de ellos.
Aún así creo, o creo que creo, que tu aporte puede servir para un diálogo interreligioso (lo digo para que aceptes ir cuando te inviten de nuevo a esas oraciones que tan graciosamente desdeñas)
Sin ser un experto en religiones comparadas creo que lo que tu encuentras en el crucificado, y en los terribles relatos de los crucificados que cuentas, es una experiencia que está presente en todas las religiones, en lo que trasciende a todas ellas y las hace genuinas, según mi parecer. Estar frente a la nada de dios es lo que vive cualquier persona que se toma en serio su religión. En el budismo eso es vacío, soltar amarras en actitud compasiva. En la mística cristiana, o del taoísmo, o del vedanta, también se habla de una muerte, muchas veces terrible o dramática, en la que el buscador debe deshacerse de todas sus seguridades o mapas mentales para acceder al misterio. Y debe entregar todo.
Y escucharte, o leerte me lleva a ese lugar, a ese único lugar donde la mística tiene sentido, a esa nada de dios que me pregunta «dónde está tu hermano».
Gracias de nuevo, un abrazo desde Río Cuarto, Argentina.
Te agradezco tus palabras, Martin. Y tienes razón. No ignoro lo que dices. A lo que me resisto es, por decirlo de algún modo, a la parábola de los ciegos y el elefante. Pues creo que no responde a la que me parece la cuestión «par excellence»: qué vida pueden esperar los que murieron «antes de tiempo» a causa de nuestra impiedad o indiferencia. Ciertamente, la respuesta cristiana apunta a lo imposible (a la resurrección de los muertos y, en definitiva, a una nueva creación). De ahí que la alternativa al nihilismo sea, precisamente, lo inconcebible… lo cual está muy cerca de ser una confirmación irónica del nihilismo. El horizonte de la fe, sin embargo, siempre fue lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y ello «en nombre de» una bondad en el centro del infierno. En cualquier caso, es lo que en el fondo, dices: lo decisivo, y ante Dios, es Mt 25. La fe cristiana «añade», por así decirlo, lo que podemos esperar más allá del ejercicio de la caridad.
Un abrazo.