catástrofe, literalmente

septiembre 20, 2024 § Deja un comentario

La muerte del enviado fue, tal cual, una catástrofe. Es decir, el cielo se derrumbó sobre su cabeza. Nada por encima o más allá. Que el cristianismo sostenga que nuestra verdadera relación con Dios comience a partir de entonces —esto es, donde no parece que haya Dios— no deja de ser, cuando menos, curioso. Precisamente, porque la catástrofe no es un episodio más. El resucitado conserva, hace falta recordarlo, las marcas de la cruz. Tampoco hablamos de la resiliencia. Pues esta solo tiene que ver con nosotros, con nuestra habilidad para superar el trauma. Hablamos de la fraternidad. Pues que seamos hermanos solo se nos revelará cuando no quede nada en pie a nuestro alrededor. Y no —o no solo— porque así lo sintamos.

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