Ignacio, el sofista: un megacasting
octubre 24, 2024 Comentarios desactivados en Ignacio, el sofista: un megacasting
El bien o el mal no existen —dice, el sofista. En su lugar, lo que nos parece bueno o malo, moralmente hablando. Y es que con respecto a lo político-moral, no podemos ir más allá de lo que nos parece. No hay hechos morales —o leyes de hecho justas—, sino interpretaciones morales de los hechos. En el fondo, nuestras disputas sobre los asuntos político-morales serían equivalentes a nuestras discusiones sobre gustos o preferencias… aunque presupongamos lo contrario, a saber, que una de las opciones en juego tiene que ser la correcta. El aborto o es un crimen, o un derecho de la mujer.
El sofista sabe, sin embargo, que cada una de las alternativas puede presentarse como si fuera la correcta. Y tiene que presentar una de ellas como tal… si quiere convencer a quien quiere convencer. Pues, la mayoría no admite las medias tintas: o una cosa, u otra. O crimen, o derecho. La mayoría necesita opinar. Al menos, porque la opinión facilita, al simplificar, un mapa con el que orientarse en las complejidades de la existencia. Pero, por otro lado, el sofista también sabe que si puede presentar cada una de las alternativas como si fuera la correcta es porque, en los asuntos humanos, todo es mezcla: no hay amor que sea químicamente puro o decisión justa que no pueda verse, cambiando de perspectiva, como injusta. Como decía Heráclito, si todo fuese luz… no habría, precisamente, luz. (Y, dicho sea de paso, aquí la pregunta sería por qué esto es así.)
Para Platón, sin embargo, que no haya amor químicamente puro o decisión indiscutiblemente justa no niega que haya amor o justicia. Al contrario. Hay amor o justicia porque el amor o la justicia se manifiestan o hacen presentes en los gestos, siempre ambiguos, del amor o las decisiones más o menos justas. Nada es que no se haga, de algún modo, presente. Ahora bien, lo que se hace presente en cualquier caso se hace presente dejando atrás su carácter puro o absoluto, en definitiva, abstracto. Esto es, junto con su envés —junto con la otra cara de la moneda. El amor o la justicia —o la belleza— no pueden aparecer o concretarse sin asumir en parte aquello que los niega, precisamente, como amor o justicia.
Paralelamente, y según Platón, si decimos que el amor o la justicia no terminan de ser lo que, en un momento dado, nos parece que son —esto es, amor y justicia— es porque… creemos que el amor y la justicia en concreto —y por eso mismo, siempre hasta cierto punto o medida— tendrían que serlo por entero, sin mezcla. Nada de cuanto es se encuentra al margen de lo que debe o debería ser, es decir, al margen del Bien. En este sentido, ser madre, por ejemplo, va con el tener que ser una buena madre. Si en modo alguno lo fuese, no sería una madre, sino un vientre de alquiler, una simple progenitora, en definitiva, una pseudo-madre. Todo cuanto es aquí y ahora posee, por consiguiente, una carga moral, como quien dice.”
La pregunta es doble: qué le diría el sofista a Platón; y qué crees que le diría, a continuación, Platón al sofista (teniendo en cuenta, obviamente, lo dicho en los párrafos dedicados a Platón).