platonismo cristiano

octubre 25, 2024 § Deja un comentario

En unas notas sobre Platón, escribí hace unos años lo siguiente: Hay cuerpos bellos porque hay belleza. Pero el haber de la belleza en cuanto tal es lo que tuvo que desaparecer en su hacerse presente como cuerpo bello. Es como si el darse de la belleza fuera con su negación de sí. O por decirlo a la manera de Heráclito: el sí va con el no —la aparición, con la desaparición del carácter absoluto de lo que aparece. ¿Acaso el cristianismo no dice algo parecido con respecto a Dios? Que Dios se haga presente como cuerpo de Dios —como ese cuerpo que, en nombre de Dios, cuelga de una cruz— ¿no presupone la negación de sí del Dios absoluto como la condición de su identificación con el hombre? No hay donación de sí sin vaciamiento de sí. Y en el caso de Dios, hasta el punto de que el primer de sí es el envés del segundo. Es decir, no hay Dios con anterioridad a su donación de sí. Dios es, por tanto, su entrega —su no querer ser Dios sin el fiat del hombre.

De ahí que, y porque ambas caras de la moneda se despliegan en el tiempo, el primer de sí permanecerá como el eterno diferir de Dios-en-sí con respecto a su quién. Esto es, como la trascendencia del puro ahí de Dios. ¿Dios en sí? Nadie aún, antes de su negación de sí hacia lo otro de sí. Poco que ver con la típica lectura religiosa, procedente del platonismo vulgar, que hace de Dios un ente paradigmático cuyo primer ejemplar sería, precisamente, el que anduvo por Galilea como enviado de Dios.

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