primero: megacasting
noviembre 7, 2024 § Deja un comentario
El hombre y la mujer son lo que deben ser. Su naturaleza es inseparable de aquello que deberían llevar a cabo, precisamente, como humanos. Su humanidad va de la mano de una exigencia, en cierto sentido, moral. Así, el gen —lo que nos viene de fábrica y, por tanto, no cabe modificar sin dejar de ser lo que somos— posee un carácter normativo. Es decir, la mujer, por ejemplo, está programada genéticamente para ser madre y, por eso mismo, debe serlo. Otro asunto es que pueda serlo. Ahora bien, que una mujer no pudiera quedarse embarazada no niega la predisposición natural a engendrar que caracteriza a la mujer. Hablaríamos, propiamente, de una anomalía. La maternidad es, por tanto, el horizonte vital de la mujer, aquello que realiza su naturaleza o modo de ser.
Es verdad que, culturalmente, podríamos decidir manipular el gen femenino para suprimir esta tendencia natural… con el propósito de eliminar de un plumazo las servidumbres del embarazo y la crianza, de tal modo que, a partir de un momento dado, los hijos se tuviesen en un laboratorio. Sin embargo, el precio que pagaríamos de hacerlo sería el de la modificación de la naturaleza de la mujer. Es como si le añadiésemos un átomo de oxígeno al agua: que pasaría a ser otra cosa, en concreto, agua oxigenada.
Pregunta: ¿estás de acuerdo? ¿Por qué? Obviamente, has de tener en cuenta los argumentos de quienes opinarían lo contrario.
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