¿un Mesías impotente?

noviembre 17, 2024 § Deja un comentario

Una vez Dios se reveló como el Altísimo —tan alto que anda rozando la nada— su intervención quedó en manos del Mesías. A partir de ese momento, la esperanza creyente dejará de apuntar al acto ex machina de Dios —pues ese acto presupone que Dios no es más que un dios… entre otros. En su lugar, la irrupción del Mesías —de quien ocupa su lugar. La esperanza de Israel se transformó en la esperanza mesiánica.

Israel, sin embargo, fue muy consciente de la dificultad. ¿Cómo imaginar la intervención del Mesías? ¿Como una operación militar? Esta, sin duda, fue la expectativa más natural o espontánea. Y quizá, por eso mismo, no debería extrañarnos que terminase secularizada como ideal revolucionario. Pero un Mesías que empuñase las armas no termina de casar con la misericordia divina. Por otro lado, si el Mesías no aparece como un nuevo David ¿cómo reconocerlo? ¿Es posible que haya estado entre nosotros y no nos hayamos dado ni cuenta? Y si la fe comienza con la confesión —tú eres el que esperábamos—, ¿no se abre la puerta, por eso mismo, a los falsos mesías?

El cristianismo llegó a la peor audacia: ya vino y lo colgamos de una cruz. ¿El Mesías, por tanto, no fue capaz de transformar el mundo? La fuerza de la debilidad ¿no será un truco ad hoc?

En cualquier caso, la relación con Dios no es indisociable de la cuestión sobre el poder de Dios —en este caso, sobre el poder de una bondad sin resquicio. De ahí que el cristianismo no pueda prescindir de la resurrección de los muertos —esa imposible posibilidad— sin renunciar a lo más propio. Y quien dice resurrección dice esperar el regreso del Mesías. Y este es el asunto: ¿quién puede creer en lo imposible? En realidad, este fue siempre el asunto.

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