belleza y existencia
diciembre 7, 2024 § Deja un comentario
La belleza sin tara es la belleza como tal. La tara —la salida de tono, el disgusto— es la marca de la individualidad. Y por eso mismo, el individuo es la negación del paradigma, de lo ejemplar, el sello del mal. La conversación encuentra su origen en el desgarro. La belleza absoluta no habla. La piedra —el mármol— no representa al dios. Es el dios.
Tan solo existe el individuo. Por consiguiente, si hay lo que tiene que haber, entonces tan solo el individuo debe ser. Sin embargo, ¿cómo podemos decir que debe ser lo que niega lo que debe ser? ¿Quizá porque la belleza solo se hace presente negándose a sí misma o, siendo más estrictos, siendo, en definitiva, esta negación de sí? Puede que no sea anecdótico que la apocalíptica cristiana concibiese la redención por medio de la imagen de Satán bajo la bota del Arcángel. Pues no puede haber nada —ni, por consiguiente, redención— que no incorpore una dosis de su contrario.
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