sur-prise
diciembre 28, 2024 § Deja un comentario
La experiencia básica de la alteridad, al margen de cuanto podamos pensar acerca del carácter absolutamente otro de lo real, es la del ser tomado. En definitiva, la de la propia finitud ante algo que (nos) adviene. Y quien dice finitud dice dependencia. El pensar solo es posible una vez hemos sido dejados.
Sin embargo, uno de los efectos del pensar que nace de la sospecha es, precisamente, el de relativizar la experiencia básica de la alteridad. Pues la sospecha siempre se interrogará —y aquí la interrogación es, por lo común, retórica— sobre la posibilidad de que el rapto únicamente tenga que ver con nuestra situación y no con la revelación de lo absolutamente trascendente. Las lombrices probablemente experimentarían la misma sensación de dependencia si pudieran entrar en contacto con nosotros. Pero se equivocarían si de su experiencia dedujeran que somos dioses.
En cualquier caso, que finitud y alteridad vayan de la mano significa que la cuestión sobre Dios es, en definitiva, la cuestión sobre el poder. Y aquí Israel dio un paso al frente al comprender, y no sin sufrimiento, que lo que no admite dominio —lo que nos sitúa ante una genuina alteridad— tiene más que ver con el silencio que cubre por igual los campos de batalla y los de amapolas que con el temblor de la tierra.
Deja un comentario