nihilismo y cristianismo
diciembre 29, 2024 § Deja un comentario
Nihilismo significa ninguna esperanza. Por supuesto, ninguna para los vencidos. Pero tampoco para quienes se alzaron con la victoria. Pues esta no es más que una tregua, un impasse. Al final, todos morderemos el polvo. Mientras tanto, la distracción. Si cupiese. ¿La solución? Morir como el Ricardo III de Shakespeare: soltando una gran carcajada. O al menos, una risa tonta.
No obstante, ¿qué cabría esperar? ¿Un paraíso? Quizá. Pero es como apuntar a un espejismo. También que haya alguien —y alguien bueno— en medio de la más completa oscuridad y silencio. Para el nihilista, no habrá nadie ahí. Y si lo hubiese, no estaría para salvarte. Prevalece la lucha. De hecho, los contratos civilizados reflejan un combate que terminó en tablas. Nada más allá de la voluntad de dominio. Esto, como sabemos, es Nietzsche.
¿Qué presenta el cristianismo como alternativa? Un horizonte imposible —la resurrección de los muertos, un Juicio Final. ¿Opio? Probablemente, si la expectativa creyente solo se basa en la necesidad psicológica de que la película termine bien. Otro asunto es que el punto de partida de dicha esperanza sea el acontecimiento de un gesto de bondad en medio del infierno, esto es, donde no cabía ninguna bondad. Pero en ese caso, la esperanza no podrá entenderse como previsión, sino únicamente en los términos de un debe —y un debe que se afirma frente a cualquier ideal que podamos concebir desde nuestro lado. Lo dicho: un imposible. Sin embargo, no acabamos de comprender en qué consiste tener fe si su horizonte es lo que los mundos pueden dar de sí. Ni por supuesto, qué significa estar ante Dios.
Deja un comentario