patetismo creyente
enero 5, 2025 § 1 comentario
Si estamos en manos de Dios, entonces el punto de partida de la experiencia religiosa es el sobrecogimiento. Literalmente: un ser arrebatados por. ¿El problema? Que de lo insobornablemente patético, también en su sentido más literal, no puede derivarse ninguna afirmación. Ni siquiera aquella que sostiene que el arrebato es la experiencia más elemental de lo divino. De hecho, los microbios también se sentirían arrebatados si pudieran intuir, cuando menos, nuestra presencia.
Cualquier afirmación supone un haberse ya desplazado al espacio de la interpretación… con lo que el puro presente del rapto es tematizado como pasado. Y nos desplazamos a dicho espacio en el instante en que nos preguntamos de qué se trata. La única respuesta que no atraviesa completamente el umbral es el heme aquí bíblico. Esto es, y ahora qué debo hacer. Ciertamente, no escucharemos nada en medio de lo arrebatador. Pero desde su ensordecedor silencio, el mundo se nos revelará como descentrado —y por tanto como un mundo a reparar en vez de dominar.
Resulta inevitable que, como seres conscientes, lo que tiene lugar —el acontecimiento— se transforme en lo que pasa… a menos que el acontecimiento permanezca —y permanezca de manera subyacente, esto es, determinante— como trauma. Y el trauma, cristianamente hablando, es la fe de un crucificado en nombre de Dios, en definitiva, en su lugar. Así, lo traumático o sobrecogedor, en tanto que continúa presente en lo más recóndito, es el índice de que la voluntad de dominio que nos caracteriza —el propósito de suplantar a Dios— no es lo dominante. Es decir, que no define nuestro carácter… y, por eso mismo, no decide nuestro destino. La irrupción de lo arrebatador no está sometida a ningún a priori.
De ahí que lo inesperado sea, religiosamente hablando, la raíz de la esperanza creyente, a saber, que haya un nuevo comienzo… en el que nada volverá a ser igual. Sin embargo, el creyente ignora en qué podrá consistir la novedad de la recreación. A lo sumo, confía en que sea algo bueno. No hay certeza epistemológica al respecto. Es lo que tiene el en manos de.
Probablemente el santo católico que nació a mediados del siglo XIX y muerto trágicamente en diciembre de 1916 que de una forma más profunda e intuitiva expresó esta actitud espiritual de abanadono «en manos de» ha ya sido este que os enlazo aquí debajo y que fue canonizado el 15 de mayo de 2022.
Una canonización que llego un siglo después de haber muerto y por lo tanto bastante lejos del tipo de «canonización express» de ser canonizado por ejemplo 27 años después de su defunción que ha protagonizado algún otro santo, español y aragonés de nacimiento por más señas.
Pero hablando de santos las comparaciones aún pueden ser más odiosas de lo que ya lo son de costumbre.
https://www.charlesdefoucauld.org/es/priere.php