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enero 9, 2025 § Deja un comentario
En su labor evangelizadora, el pedagogo posmoderno suele hacer referencia a las clases magistrales como lo peor, siendo habitual que pase un vídeo en el que inicialmente se observa un montón de alumnos aburridísimos… mientras oyen la perorata sin sentido de un maestro, para terminar, por contraste, con esos mismo alumnos participando felizmente de su educación a través de un estimulante trabajo en equipo alrededor de un iPad. ¿Se puede ser más impostor? Es como si quisiéramos demostrar que de los libros no se aprende nada poniendo como ejemplo un libro… del que, efectivamente, no se aprende nada. Esto es, un mal libro.
De hecho, podríamos pasar otro vídeo: aquel en el que, en una clase de cuarenta —o incluso ¡sesenta!—, los alumnos trabajan en grupos, mientras el “encargado del aula” va de mesa en mesa monitorizando aprendizajes autónomos. Y aquí no hay que ponerle mucha imaginación. Basta con apretar el on.
Otro asunto es que, hoy en día, en la escuela haya mucho de disfuncional…
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