memoria y espiritualidad
enero 26, 2025 § Deja un comentario
La profundidad comienza con un tener presente lo que, en el día a día, debe olvidarse… aun cuando este olvido esté encubierto por la obviedad. Memento mori, dijeron los clásicos. Y aquí la trascendencia, inevitable a causa de nuestra finitud, carece de rostro: una ignotum X escrita en rojo. Israel, en cambio, se decantó por la shemá.
¿Qué hay que recordar, sin embargo, según Jerusalén —o, en cristiano, desde el Gólgota? Pues que hubo redención —liberación— donde no podía haber ninguna redención. Conviene recordarlo, precisamente, porque el mundo pasó de largo. Y con bota firme. Las cámaras de gas siguen funcionando a pleno rendimiento. La profundidad de Israel —su esperanza— siempre fue contrafáctica.
¿Una ilusión? Ciertamente, si no fuera porque hubo lo que hubo. De ahí que, para el creyente, lo contrario a la ilusión no sea la desilusión —el realismo—, sino la posibilidad de lo imposible. Y esto es lo que, en definitiva, significa hallarse ante Dios. Aunque sea sin Dios mediante. O por eso mismo.
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