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febrero 14, 2025 § Deja un comentario
La pregunta acerca de cómo vivir se presta a malentendidos. Como si hubiera una receta. Es verdad que siempre hay algo qué decir al respecto. Pues hay mucha sabiduría acumulada. Así, por ejemplo, podemos decir que debemos reducir nuestras necesidades, para no depender de ellas. O que la vida no vale la pena si no se ama lo que se hace. Y eso está bien.
Sin embargo, perderíamos de vista el alcance de la pregunta si nos limitásemos a entenderla como si su horizonte fuese el estar continuamente bien con uno mismo. O como si nos interrogásemos acerca de qué ruta seguir para llegar a buen puerto. Pues en ningún buen puerto, de haberlo, se puede permanecer. Sea en forma de vacío o bajo el aspecto de la desgracia, tarde o temprano irrumpirá el No —el desmentido, la nada en medio, el naufragio.
De ahí que la pregunta decisiva no sea cómo vivir, sino cómo seguir con vida tras morir en vida. Y aquí me atrevería a decir que la respuesta no saldrá de uno mismo. Pues sería como si, a la manera del barón, intentásemos salir del mar tirando de los propios cabellos.
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