peccata mundi
febrero 18, 2025 § Deja un comentario
El asunto del pecado no goza hoy de buena prensa. Ni teológica, ni pastoralmente parece que sepamos qué hacer. Nadie se siente pecador. Quizá imperfecto, pero no culpable… por el simple hecho de existir.
Sin embargo, es posible que, al haber dejado atrás la experiencia del pecado, hayamos adelgazado el kerigma cristiano, su carga de profundidad. Y no porque tengamos que retorcernos mórbidamente bajo la admonición del sacerdote que nos recuerda una y otra vez nuestra condición de pecadores —pues ese retorcerse tendría aún mucho de narcisista—, sino porque pecado significa vivir de espaldas a la voluntad de Dios. Y esto es lo que sucede cuando nuestra existencia gira en torno a nosotros mismos. Pues, bíblicamente hablando, pecado es sinónimo de injusticia. Y hay injusticia cuando pasamos de largo de quien tiene hambre y sed.
Basta con imaginar que fuéramos los padres de dos hijos, uno de los cuales vive en la opulencia, mientras que el otro, en la indigencia. Y que el primero apenas se inmutase por la situación del segundo. Me atrevería a decir que no hay vida cristiana mientras no hayamos aún incorporado lo insoportable de este escándalo. A lo sumo, la vida de los aficionados a las cosas del cristianismo.
Sin embargo, como se preguntó Pedro, tras la dimisión del joven rico, ¿quién podrá? Y no ignoramos cuál fue la respuesta.
Deja un comentario