desde la óptica de la excepción

marzo 7, 2025 § Deja un comentario

Lo real es insólito —la excepción a la norma. Pues vivimos bajo la regla, la inercia, lo previsible. Esto es, de espaldas al carácter singular de lo dado, a su significación, la cual, sin embargo, no se nos ofrece como una representación más o menos aproximada del paradigma —de lo que debería ser—, sino como un destello de luz en medio de la más completa oscuridad: presencia. En este sentido, significación es alteridad Y alteridad, redención. Hay salida, un más allá de la oscuridad. Aun cuando este más allá —la aparición— tampoco sea inevitablemente un final. En realidad, es un comienzo. Esto es: de momento, escapamos; luego ya veremos.

Es así que, desde una nada de fondo, el que tengas a tu hijo en brazos es, sencillamente, extra-ordinario. Tal cual. Aun cuando, de hecho, se nos presente como algo ordinario, normal.

Hay quienes saben ver el milagro bajo las capas de la costumbre. Son los poetas. Sin embargo, la poesía, a diferencia del ripio, siempre maneja un lenguaje extraño. Es el recurso del poeta para conectarnos de nuevo con el sesgo anómalo de la existencia. Por eso, una vez comprendemos la división entre la excepción y lo habitual, resulta difícil no pensar en la antigua escisión entre cuerpo y alma. Pues el alma es capaz de ver aún lo que perdimos de vista por el simple hecho de haber sido arrojados a un afuera. Es un decir. Sin embargo, el cuerpo siempre atiende a la mosca en la nariz —a la necesidad de cambiar los pañales. A lo necesario —lo útil— y, por eso mismo, irrelevante. Todo cuerpo vive de la distracción, de cuanto lo aleja de la aparición.

El problema de la Modernidad —o, más bien, uno de los principales— es que, al desactivar la carga de profundidad del simbolismo religioso —al ser incapaz de entenderlo como algo distinguible de la superstición—, se no pone muy cuesta arriba la posibilidad de conectar ambos mundos —lo excepcional y la norma. Y donde esto sucede, el alma se adelgaza. No habría ningún problema si este adelgazamiento no fuese el envés de un permanecer sujetos al dictado de lo impersonal. Pero no parece que haya alternativa: o esclavitud, o extrañamiento. Aun cuando este deba adoptar la forma de un cuidar de lo que nos ha sido dado.

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