megacasting: ¿fue Kant el chino de Könisberg?
marzo 28, 2025 § Deja un comentario
Para Hume, no tiene sentido hablar de voluntad al margen de un sentirse inclinado a llevar a cabo un determinado propósito, el cual posee tan solo una base pasional. Pues la idea de un sujeto al margen de las pasiones —la idea de un sujeto que se propusiese un fin estrictamente racional— es una ficción. Quizá útil, pero una ficción al fin y al cabo. Kant, como sabemos, respondió al reto de Hume diciendo —aunque estas no fueran exactamente sus palabras— que no debemos confundir la fuerza de voluntad, la cual puede estar, ciertamente, motivada por la creencia de que uno se siente más satisfecho consigo mismo tras haber conseguido lo que pretende alcanzar con esfuerzo, con la voluntad que constituye lo que somos más allá —o por encima— de lo empírico. Pues esta voluntad, en definitiva, es una voluntad de segundo orden. O por decirlo de otro modo, una voluntad de voluntad. Si no fuese así, no rechazaríamos, en el fondo, la posibilidad de un sentirse bien… por haber ingerido, pongamos por caso, la droga de la felicidad. Pues no es lo que queremos. O mejor dicho, no es algo que podamos querer… siendo los seres racionales que somos.
Probablemente, Hume le hubiese replicado a Kant, de haberle leído, diciendo que, de hecho, teniendo en cuenta que no buscamos otra cosa que la felicidad, la mayoría elegiría, si fuese posible, tomar esa droga de la felicidad. Así, dado que el horizonte de cuanto hacemos o evitamos hacer es siempre el sentirse bien, quienes rechazaran la droga de la felicidad, lo harían porque creerían que se sentirían mejor rechazándola —porque creerían que serían más felices al hacerlo. ¿Quizá porque se sentirían más orgullosos de sí mismos? Es posible. Ahora bien, ¿qué le respondería Kant? Obviamente, hay que tener presente la objeción de Hume. No vale con repetir las tesis de Kant.
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