cambio climático
marzo 29, 2025 § Deja un comentario
Una vez las escuelas renuncian a educar en la cultura del esfuerzo —una vez, la mentalidad del maestro de primaria se impone en las etapas posteriores—, la escuela renuncia a la formación del carácter. Y esto es así, incluso, en aquellas que, por tradición, siempre han tenido esto último como objetivo principal. Ciertamente, no es esto lo que se dice. Pero es lo que sucede. Normal, cuando se nos insiste en que el alumno es el centro. Y lo que hay que hacer es cuidarlo como una madre cuida de sus polluelos. Sobre todo, que no se frustre —que esté satisfecho emocionalmente.
Nadie niega que hay que tener en cuenta dónde se encuentran los chicos —cuál es su punto de partida. Pero una cosa es esta y otra, muy distinta, adaptar los programas a su nivel. Pues el centro no es el alumno, sino el asunto —lo que hay que aprender. Y nada interesante se aprende donde se presupone que no hay que picar piedra. Es lo que tiene lo interesante: que en un momento u otro se pone cuesta arriba.
Una escuela seria debería tener muy en cuenta que el mundo no juega a su favor. Que, al menos en Occidente, tiende a infantilizarnos. Y donde la escuela se encarga de prolongar la infancia, con la aquiescencia de tantos padres helicóptero, el resultado será, inevitablemente, el de hombres y mujeres que no tendrán munición suficiente para afrontar la realidad. Es lo que tiene el rechazo de la figura paterna. Ciertamente, esta tiene su lado oscuro. Pero lo que no deberíamos comprar es que su contraparte, la figura materna, carezca de sombras. De hecho, son las que ahora cubren el panorama escolar como si fuesen una niebla espesa. Y asfixiante.
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