fe y poder

abril 12, 2025 § Deja un comentario

La fe en Dios es fe en el poder de Dios. No puede ser de otro modo, tratándose de Dios. ¿Cómo, si no, el creyente puede esperar lo imposible, la resurrección de los muertos? Y este es el problema. Pues si Dios no es un deus ex machina ¿cómo podrá? ¿Qué poder para el Dios que, desde el principio, no quiso ser Dios al margen de la carne?

Ciertamente, el crucificado, según las Escrituras, fue levantado de entre los muertos por el poder del Espíritu de Dios. Y el Espíritu es un resto, lo que queda de Dios donde, en el presente, ya no queda nada de Dios. Tampoco es poca cosa. Pues el Espíritu de Dios es la fuerza de Dios. Ahora bien, si Dios es, en verdad, un Dios encarnado, entonces la fuerza de Dios no es independiente de aquella de la que sea capaz la comunidad de creyentes. Dios no tiene otros brazos que los nuestros, decía la Hillesum. No es posible, por tanto, tomarse en serio la realidad del mal —y por extensión, la fe en el poder del cuerpo de Dios— donde falta el espíritu de combate.

Sin embargo, ¿cómo comprender desde esta óptica un final de los tiempos? ¿Acaso como el triunfo de los ejercitos de Dios y, por extensión, de la Ley de Dios, la que nos empuja a la fraternidad? Habrá una nueva tierra… Pero ¿sin muerte? El deus ex machina saca su nariz entre las perplejidades de la esperanza creyente.

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