dos perspectivas y una sola esperanza
abril 20, 2025 § Deja un comentario
El asombro, como punto de partida. La rosa es sin porqué. No obstante, diría que ante lo dado —el motivo de nuestra admiración… y perplejidad— caben dos posiciones. O bien creemos que todo nos ha sido ofrecido por el Dios que habita en la alturas al modo de un ente superior; o bien, que el don es un testamento, en el sentido casi forense de la expresión. En el primer caso, hay mapa mental —y un mapa mental no resiste la crisis del Gólgota. En el segundo, hay interrogación de fondo, y en definitiva, fe. Pues la fe es permanecer a la espera de Dios: ¿volverá? Y la espera va con el clamor: maranathá.
Ahora bien, ¿qué Dios espera el creyente? Por lo común, algo así como un deus ex machina. Sin embargo, el cristianismo ofrece una respuesta, cuando menos, desconcertante: el que esperábamos muere como un apestado de Dios. Ciertamente, la historia no termina con la cruz. Pero el último capítulo admite una doble lectura. La primera es la literal: el crucificado regresa con vida de la muerte —y esta vida es la vida de Dios. La segunda, en cambio, es irónica. Como si se nos dijera, al tratarse de un imposible, que no hay solución.
En cualquier caso, y a la hora de pensar la resurrección, fácilmente olvidamos que no se trata de una expectativa —quizá lo fuese para los testigos de la resurreción, pero ya no puede serlo hoy en día—, como de tampoco un ya me gustaría, sino de una esperanza “a la judía”: es lo que debe acontecer en nombre de. Y aquí no hay saber de por medio. Ni siquiera supuesto.
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