dependencia del padre
abril 27, 2025 § Deja un comentario
Schleiermacher dejó escrito que la fe arraiga en un sentimiento de dependencia, se sobreentiende que con respecto a Dios. Pero ¿de qué Dios?
La dependencia es propia de los niños. O de los perros más fieles, como dijera Hegel. Y, ciertamente, quien ha tenido un padre que le cogiera de la mano cuando comenzó a dar sus primeros pasos lo tiene más fácil a la hora de sentir que hay una padre espectral que se preocupa por él, algo así como una variante del ángel de la guarda.
Sin embargo, los tiros de la paternidad de Dios, conforme a los textos bíblicos, no parece que vayan por ahí. Pues esta apunta a la Creación. Y la Creación concluyó en el séptimo día, aquel en el que Dios se retiró a un más allá inaccesible. Es verdad que en los fragmentos debidos a J, Dios se presenta como un personaje que está muy encima de sus elegidos. Como si fuese un marcaje al hombre. Pero, una vez Israel, tras la dura experiencia del exilio, abandona la monolatría para decantarse por el monoteísmo más estricto, la presencia de Dios es, incuestionablemente, la de un Dios por venir.
Por consiguiente, la dependencia a la que se refería Schleiermacher en verdad no se daría con respecto a un ente superior que imaginamos como un padre espectral, sino en relación con lo que se desprende de la radical trascendencia de Dios. Según Israel, el don de la vida y el deber de preservarla a cualquier precio frente a nuestra indiferencia o impiedad, esto es, la Ley. El cristianismo añadirá a lo anterior, el seguimiento y la esperanza de que al final nada caerá en saco roto.
Es posible que, teniendo en cuenta lo anterior, hoy en día lo tengamos más fácil para sintonizar con esta fe. Pues la figura del padre hace tiempo que saltó echa pedazos. Muchos hijos, hoy en día, experimentan la ausencia de un padre genuino, de aquel que, dándote la mano también es capaz, sin embargo, de negarte la filiación. Ciertamente, este echar en falta podría dar pie a imaginar, por compensación, un padre espectral al igual que los niños solitarios se imaginan un amigo invisible. Y algo de esto hay en el actual revival religioso, ambigüedades al margen. Pero hoy en día el efecto de la ausencia de Dios es, por lo común, el narcisismo. Y un narcisista solo sufre la falta de espejos. No fue este efecto el que experimentó Israel. Precisamente, porque padeció dicha ausencia. Y hasta el tuétano.
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