potencia y acto: un ejercicio de lógica delirante

julio 2, 2025 § Deja un comentario

¿Que es la posibilidad ? Mejor dicho: ¿qué sería una posibilidad absoluta o primera? ¿Sobre qué potencia o poder se asienta el todo? ¿Qué hubo antes de que hubiera lo que es?

Como sabemos, la pregunta, si lo pensamos bien, es aparentemente absurda. Al menos, lo fue para los eleatas. Y con razón: no puede haber algo fuera del todo —de todo lo que hay. Nada, más allá de la totalidad. De ahí que el todo sea ilimitado y eterno. O dicho de otro modo, no es resultado —no puede pensarse como tal. Sencillamente, hay el todo. Y el todo, como la rosa del Silesius, es sin porqué. Así, decir que hay el todo equivale a decir que hay el haber —y que la nada no es. Que no haya el haber es, sencillamente, imposible.

Ahora bien, el todo es lo contrario a la nada. Si hay el todo es porque la nada no es. ¿Cómo entender, sin embargo, este porqué? Evidentemente, no como si la nada fuese algo de lo que se desprende el todo. La nada, por defecto, carece de entidad. Ni siquiera podemos pensarla, aunque sí imaginarla, como vacío. Aquí , la causalidad sería formal. Esto es, la imposibilidad de la nada —del no haber— solo puede comprenderse, por tanto, como principio, en el sentido lógico de la palabra. La imposibilidad de que la nada sea debe entenderse como el otro lado del todo, un lado sin el cual el todo deviene, sencillamente, ininteligible. Ahora bien, el no haber nada es la negación del todo, un no-todo. En este sentido, este no-todo soporta, por así decirlo, la totalidad de cuanto es, su eternidad e infinitud. Y lo soporta en tanto que es su envés.

Sin embargo, que la nada no sea es, lógicamente, la negación de la nada, una doble negación. El todo es un no (no-todo). De ahí que la negación de la nada subyazca, lógicamente, al todo. Se trata de los dos lados de una misma moneda, Ahora bien, por eso mismo, al igual que decíamos que el no haber de la nada soporta la totalidad de cuanto es, cabría decir que el todo soporta el no-todo, en definitiva, que la nada no sea. Así como la doble negación equivale a una afirmación, una afirmación equivale a una doble negación. Hay el todo porque la nada no es. Pero la nada no es porque hay el todo.

Quizá comprendamos mejor cuanto acabamos de decir reflexionando, una vez más, sobre el sentido del haber. Hay el haber de las cosas —el todo. Y lo que tienen en común las cosas que son es, precisamente, que son. Sin embargo, no hay el haber en cuanto tal, esto es, un puro haber. No hay haber que no sea el haber de las cosas. Y, por eso mismo, el puro haber no es… nada. Es decir, es no siendo nada. Porque hay mundo, no puede haber un puro haber. O viceversa. El puro haber es lo dejado atrás, como quien dice, por el haber del mundo —y permanece como lo eternamente dejado atrás. Ahora bien, esto equivale a decir que cuanto es —y nada es que no sea en concreto— no termina de permanecer en su aspecto o forma. El haber de las cosas es tiempo. Dicho de otro modo, no haber. El haber de las cosas es, en el fondo, un no haber. Normal, si el no haber de la nada es el otro lado del haber del todo. Hay lo que no hay. Y porque el haber es la negación del no haber: la nada —el no— no es. Quizá no sea casual que a lo dado le corresponde un de nada. El todo es la superación de la nada y, por eso mismo, su realización. Pues la nada se realiza en su negación de sí, esto es, como cuerpo.

La potencia absoluta es, en definitiva, acto. En cierto sentido, podríamos hablar de un big-bang metafísico, el cual, obviamente, no puede pensarse como hecho. Con anterioridad al todo, no hubo nada. Y esto es lo que hubo. Kenosis.

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