Levinas y el carpintero

julio 22, 2025 § Deja un comentario

La alteridad, en sí misma, no es nada en concreto. Ni puede serlo. Por eso mismo, se revela como eterna promesa de lo verdaderamente otro. Es lo que tiene su carácter absoluto.

Ahora bien, debido a su irreparable invisibilidad, todo se hace presente sin porqué. Es decir, todo es aparición, el eco de la alteridad avant la lettre. La promesa que es inherente a lo absoluto se cumple, por consiguiente, en lo dado. Pues lo dado es el envés de la negación de sí propia de lo absoluto —de lo que es no (siendo nada). Sin embargo, lo dado exige igualmente dominio, conocimiento, reducción. Y es que no todo es la rosa del Silesius. También nos fue dado el depredador. El hermano lobo se alimenta de ti —y de tus hijos.

¿Qué hacer, por tanto? Entre la contemplación y el dominio que no escucha ningún eco, el respeto devocional del artesano a la resistencia de la materia. O, en el caso del cazador, el ritual que nos recuerda el carácter dado —sacrificial— de la bestia que, al matarla, nos permite seguir con vida.

Al fin y al cabo, toda espiritualidad, como comprendió Israel tras la dura experiencia del exilio, reposa sobre un imperativo: ten presente lo que el mundo nos empuja a olvidar —el acto primordial por el que el mundo es lo que es. Y, por supuesto, vive en consecuencia.

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