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agosto 21, 2025 § Deja un comentario
El problema del individuo moderno es que difícilmente se experimentará a sí mismo en relación con lo que le supera, sea la inmensidad del cosmos o el exceso de los horrores históricos. En vez de ello, permanece frente al escaparate o excitado ante el próximo unboxing. Entre el oficio y la distracción, el indiviso deambula por la vida alejado de sí mismo, , esto es, de su escisión. Como las bestias, que tampoco están divididas, distanciadas de su naturaleza. Esto, de hecho, siempre ha sido así. De lo contrario, Platón no hubiera escrito que una vida que vuelve sobre sí misma —y que, por consiguiente, deja de ser indivisa— tiene más valor que una que se deja arrastrar por la inercia de los días. Sin embargo, este contraste, hoy en día, resulta ininteligible. Pues el sabio —o en la tradición cristiana, el santo— ya no es un referente. En su lugar, el triunfador, hablemos de un futbolista, un rapero o de Elon Musk.
De hecho, que existamos arrojados a nuestra posibilidad significa que todo, al fin y al cabo, se decide en torno a la cuestión del poder: a qué poder nos encontramos sometidos incondicionalmente; cuál es el límite de nuestra posibilidad… Pero no es el mismo poder el que se ejerce sobre uno mismo en nombre de lo que nos invoca, siendo inalcanzable, que el que se lleva a cabo sobre —y probablemente, contra— los demás.
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