el tamaño no importa
agosto 28, 2025 § Deja un comentario
Hay un árbol frente a ti. ¿Qué es? Un árbol. Pero te vas acercando cada vez más. ¿Qué sucede? La perspectiva se estrecha. Pero ahí sigue habiendo un árbol. Ahora bien, al aproximarte, ese árbol te afecta en mayor medida. El olor de las hojas, su humedad, la rudeza del tronco… no es que se te hagán más presentes, sino que, sencillamente, se te hacen presentes —aparecen— como teniendo una existencia propia. Sin embargo, tendrás que pagar un precio: ya no ves el árbol, sino que captas sus fragmentos. La hoja, la corteza, la rama… siguen siendo partes de. Pero solo por principio Una vez se nos presentan como tales, su formar parte deviene secundario. El Uno se replica en lo individual. Todo es el todo. De hecho, esta fue la intuición fundamental del neoplatonismo.
Más aún. Supongamos ahora que a medida que te acercas al árbol también vas reduciéndote hasta alcanzar el tamaño de una célula, penetrando en el cuerpo de una de las hormigas que recorren el tronco. La hormiga desaparece del campo de visión: su interior es en ese momento tu nuevo mundo. Pues un mundo es siempre relativo al tamaño, las medidas, la proporción. Ahora bien, por eso mismo, el tamaño solo le importa al mundo.
Sin embargo, ¿qué permanece por encima o más allá del mundo? El ahí de lo que hay. Este es siempre el mismo… no siendo nada en sí mismo. Mejor dicho: es no siendo nada en concreto. Oscuridad y silencio sin resquicio. Es por eso que el puro ahí es lo más real —lo irreductible o indomable, lo otro o absoluto. En definitiva, lo que no puede aparecer como tal sin que desaparezca el mundo. Pues la condición del mundo es el retroceso del puro ahí. Así, el mundo se nos da como representación. Esto es, el en sí deviene un para mí.
Hay, ciertamente, otros mundos, al igual que hay lo que trasciende los mundos. Pero lo que trasciende los mundos nunca será un mundo superior, sino lo otro del mundo. Y mejor no topar con eso: que pase de mí este caliz.
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