de la misma naturaleza

octubre 19, 2025 § Deja un comentario

El Credo, como sabemos, declara que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre. El asunto se las trae. Pues si partimos del Padre, es decir, si asumimos el presupuesto de la sensibilidad religiosa —Dios, arriba, siendo un ente aparte, y la humanidad, abajo—, entonces fácilmente caeremos en la lectura doceta de la Encarnación: Jesús de Nazaret es, sencillamente, Dios… solo que con un disfraz humano. Como sabemos, esta lectura fue rechazada por la Iglesia, casi desde el principio. Pues, de ser así, lo que quedaría comprometido es, precisamente, aquello de y hombre verdadero.

Por tanto, si la Encarnación es el hacerse hombre de Dios, entonces la naturaleza de Dios, su modo de ser, no es anterior a este hacerse hombre. En cualquier caso, lo anterior sería la voluntad de Dios —la voluntad que es Dios en sí mismo— de reconocerse en su imagen, en definitiva, su kenosis. El crucificado no fue el avatar de Dios, sino su quién.

Ahora bien, entender esto último supone entender que el que Dios sea un Dios con cuerpo —y un cuerpo humano— no significa, simplemente, que Dios sea simplemente humano, ni mucho menos que el hombre sea Dios: significa que Dios es ese hombre que cuelga de una cruz, el abandonado de Dios que, con todo, permaneció fiel a Dios. No hay otro Dios.

Ciertamente, es más fácil, religiosamente hablando, seguir con la interpretación doceta —o, en su defecto, arriana. Y, por eso mismo, la Iglesia ha perdurado a lo largo de dos mil años porque pastoralmente toleró las herejías cristológicas que oficialmente tuvo que condenar para preservar la revelación. Al fin y al cabo, la verdad solo sobrevive históricamente a costa de su simulación.

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