Levinas y la muerte
noviembre 19, 2025 § 1 comentario
Dice Levinas: La muerte me amenaza desde el más allá. Este desconocido que asusta, el silencio de los infinitos espacios que aterrorizan, viene del otro, y esta alteridad, precisamente como absoluta, me golpea en un diseño malvado o en un juicio de justicia. (…) Este enfoque de la muerte indica que estamos en relación con algo que es absolutamente diferente, algo que lleva la alteridad no como una determinación provisional que podemos asimilar a través del disfrute, sino como algo cuya propia existencia está hecha de alteridad. Por lo tanto, mi soledad no se confirma con la muerte, sino que se rompe con ella.
Aquí, me atrevería a decir, sobra el algo. Pues sugiere entidad. Y lo Otro, por defecto, es lo que quedó absuelto de la existencia. De ahí su carácter, precisamente, absoluto. Ciertamente, tras morir, podemos encontrarnos con algo . Pero, en ese caso, lo Otro habría dado, de nuevo, un paso atrás. La alteridad, en cuanto tal, no habita ningún mundo. Ni siquiera el sobrenatural. Pues lo sobrenatural sigue siendo todavía demasiado natural, aun cuando inicialmente nos sorprenda, como para que podamos hablar de una genuina trascendencia. Si lo Otro es diferente no es porque tenga rasgos extraños, sino porque carece de rasgos… al diferir eternamente de lo particular. Es lo siempre pendiente en nuestro trato con el mundo. Aunque hay mundo… porque lo Otro retrocedió a un pasado inmemorial. Como dijera Hegel en su momento, nada más real que lo abstracto. Y aquí hay que tener en cuenta que lo abstracto, en este caso, no es el resultado de nuestra abstracción.
Sin embargo, Levinas también escribe lo siguiente: En el ser para la muerte del miedo no me enfrento a la nada, sino a lo que está en mi contra, como si el asesinato, en lugar de ser una de las ocasiones de morir, fueran inseparables de la esencia de la muerte, como si el acercamiento de la muerte siguiera siendo una de las modalidades de la relación con el Otro. La violencia de la muerte amenaza como una tiranía, como si procediera de una voluntad extranjera. El orden de necesidad que se lleva a cabo en la muerte no es como una ley implacable del determinismo que rige una totalidad, sino más bien como la alienación de mi voluntad por el Otro . (…)En la muerte somos capturados sin la posibilidad de tomar represalias contra nuestro atacante. Estamos expuestos a la violencia absoluta, al asesinato en la noche.
Más aún: no es solo que existan aventuras imposibles para el sujeto, que sus poderes sean de alguna manera finitos; la muerte no anuncia una realidad contra la que no se pueda hacer nada, contra la cual nuestro poder es insuficiente: las realidades que exceden nuestra fuerza ya surgen en el mundo de la luz. Lo importante de la aproximación de la muerte es que en cierto momento ya no podemos ser capaces. Es exactamente así como el sujeto pierde su dominio como sujeto .
Son textos extraordinarios. Mi única pregunta es si esto es así o si deviene así al decirlo. Y uno está tentado de decantarse por lo segundo. En realidad, no hay modo de determinar si es o no así, tal y como lo expresa Levinas. Pues la determinación ya implica un como o, mejor dicho, un como si: como si estuviéremos expuestos a una violencia absoluta, al asesinato en la noche. Levinas, de hecho, tampoco se ahorra el como si: como si procediera de una voluntad extranjera. Y probablemente fuese muy consciente de que no hay manera de ahorrárselo… si se trata de incorporar —literalmente, de hacer cuerpo de— nuestro hallarnos comprometidos con nuestra muerte. Es como si Levinas nos dijera: así vivo mi hallarme expuesto a la muerte. Ciertamente, entramos aquí en el terreno de lo imaginario… y, por eso mismo, de lo variable: como si hubiera un ángel de la muerte. A pesar de que el empleo del verbo ser insinúe que hemos golpeado el tuétano de lo real.
En este sentido, Heidegger fue más aséptico —más griego. Que vivamos arrojados a la muerte como si el ángel viniera a por mí no deja de ser un modo de hablar. Dar en el tuétano de lo real —de lo inmodificable— supone abandonar los modos de hablar, los que constituyen precisamente un mundo, el para mí, la perspectiva. Ante lo real no hay enfoque que valga. Y esto porque decir lo real es decir nada, esto es, enmudecer. Hallarse expuestos a la muerte es hallarse expuestos, precisamente, al enmudecimiento que pro-voca la nulidad —el nada más. Y aquí solo caben dos reacciones, llamésmolas actitudes: o serenidad, o desesperación.
No obstante, uno podría preguntarse si en Heidegger, el sujeto no estará aún demasiado centrado en sí mismo como para dar fe de lo real en cuanto absoluto. Es decir, si el descentramiento de sí que supone el encarar lo real no exigirá, paradójicamente, los como si .
El Levinas hereu de Roszenweig en els seus millors moments (d’haver-n’hi), ben poc hegelians, d’altra banda. Molt bon article.