compasión y justicia
diciembre 5, 2025 § 4 comentarios
El homeless que te agrede… porque no le das el cigarrillo que te pide no provoca tu compasión. Más bien, lo contrario: el rechazo, por no decir la violencia sanitaria. Y sin embargo, su provocación es su acusación. Él merece justicia. Aun cuando no merezca nuestra lástima. Y la justicia es política.
Otro asunto es la disposición cristiana a ponerse a su servicio. Ahora bien, lo más probable es que suceda lo que le sucedió a Pere Claver: que el esclavo que redimió terminó tratándole como a un perro: mendrugos de pan, las sobras, para el jesuita, .
Pues bien, ¿qué significa nihilismo? Ninguna victoria para Pere Claver. Desde la óptica de una eternidad sin juicio, hubiera dado igual que se hubiera dedicado al tráfico de esclavos.
¿Puede haber justicia sin compasión?
Tal vez toda justicia que ignora el sufrimiento del otro termina siendo una forma más refinada de violencia. La compasión no absuelve, pero introduce humanidad en el juicio. Para el cristiano, una justicia sin compasión puede ser correcta, pero no restaura lo humano. Allí donde se extingue la compasión, el otro deja de ser rostro y se convierte en objeto. Quizá la pregunta no sea cómo hacer justicia, sino cómo seguir reconociendo al otro cuando ya no despierta amor.
Precisamente… el otro exige justicia, aun cuando no podamos «sentir» simpatía por él. La relación con el otro, como insistía Levinas, no es simétrica. El reconcimiento es eso: un «re-conocimiento». Y por eso, una vez se agota la fuente de la empatía, solo nos queda el permanecer fieles al mandato, a su incondicionalidad: darle el pan de cada día, por darle el pan de cada día. Y ello en nombre de lo verdadero, del «acontecimiento». Aun cuando, emocionalmente, estemos lejos de sentirlo. Los argumentos que hay detrás no constituyen un impulso. Aun cuando lo sostengan racionalmente.
Interesante, Josep… Pero entonces, ¿no habría también una forma de “justicia del sentimiento”, una compasión que no se funda en el mandato, sino en la vulnerabilidad compartida?
Si el reconocimiento se mantiene aun sin sentir, ¿no corremos el riesgo de que la fidelidad al mandato acabe siendo obediencia sin rostro?
Claro que sí. Pero creo que el mandato que se desprende de la trascendencia de Dios va más allá. Y, precisamente, porque es de Dios. Dudo que el crucificado, al perdonar a sus verdugos, se sintiese impulsado por la espontánea compasión del satisfecho. Sobrehumano, sí. Y precisamente, porque el rostro, la mirada desnuda del sin Dios es también terrible. Como Dios mismo.