ojos que no ven…

enero 6, 2026 § Deja un comentario

Parece que unos cuantos gamers fueron contratados por el ejército de los EUA para manejar los primeros drones que entraron en combate en las guerras de Oriente. Los gamers se limitaron a seguir jugando.. Sin embargo, en este caso, el objetivo fueron hombres y mujeres de carne y hueso. No lo sintieron así. La distancia emocional fue infranqueable. Probablemente, hubieran sido incapaces de cumplir con el objetivo de haber utilizado un cuchillo de campaña.

Con todo, lo cierto es que, se cual sea la distancia, se trata de lo mismo, aun cuando no nos los parezca: le hemos quitado la vida a un hombre. No hay que remontarse a Platón para sostener que el cuerpo no es de fiar a la hora de ir a por lo que en verdad está teniendo lugar entre lo que simplemente pasa. De ahí la importancia de la reflexión —de un volver sobre uno mismo.

Ahora bien, la reflexión simplemente nos permitirá saber que estamos ante lo mismo, pero no caer en la cuenta. Esto es, la reflexión no basta para incorporar sus resultados —para modificar la sensibilidad, para alinearla con lo que vemos con la mente. Pues incorporar supone hacer cuerpo de lo que, inicialmente, solo capta la inteligencia. Para esto es necesario recurrir al lenguaje del cuerpo, el que emplea las imágenes, los símbolos, el relato. De hecho, los gamers también tenían unas imágenes de su lado. Los muertos no fueron hombres: fueron ratas, escarabajos, gusanos. Todo imaginario es político.

De ahí que Platón, en su República, distinguiera entre mitos verdaderos y mitos falsos. Y no porque los mitos verdaderos se ajustaran a los hechos —Platón no fue un ingénuo—, sino porque estos reman en la dirección de la verdad que alcanzamos a través de la reflexión, una verdad que, debido a su carácter paradójico, no vamos a poder incorporar como quien no quiere la cosa. En este sentido, tampoco es casual que en cualquier cultura haya tabús. Pues si en ningún caso debemos matar al prójimo, sea bueno o malo, mejor que sintamos un terror visceral a hacerlo antes que dejarlo en manos del agrimensor que llevamos dentro.

Ahora bien, de lo anterior se desprende que para el sujeto de la reflexión la relación con el mito verdadero será, inevitablemente, irónica. Y más si gobierna —aun cuando, quizá afortunadamente para él, esto sea improbable, por no decir, inviable. Y será irónica porque sabe que el mito verdadero es, precisamente, verdadero, a pesar de que, de hecho, no sea así.

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