Leibniz y Job

enero 13, 2026 § Deja un comentario

La respuesta de Leibniz a la pregunta sobre el porqué del mal es sabida: si el mundo responde a la voluntad de Dios y su hay una razón suficiente, no es posible un mundo mejor que el nuestro. Sin embargo, podemos precindir de Dios. O, cuando menos, del Dios del teísmo cristiano, el que imaginamos como un espectro bueno y omnipotente.. Pues basta con tener en cuenta qué significa que haya algo en vez de nada.

Y lo que significa es que nada es real que no se realice. Lo real debe realizarse —debe ser algo. Es decir, lo real absoluto es el Bien… en tanto que el Bien es lo que debe ser. SI hay mundo es porque lo real, en su carácter absoluto u otro, se realiza relativizándose, esto es, como perspectiva —como nunca por entero. Cualquier algo siempre incorporará, en consecuencia, una dosis de su contrario. El amor incluye en su seno las semillas de la muerte —de la tendencia a la posesión. La fidelidad, las de la infidelidad. La alegría, las del descontento. El ser, las de la nada. Y ello porque el deber ser de lo real —el Bien— se hace presente como esa exigencia de bien incrustada en cuanto es… en tanto que todo cuanto es, precisamente, es… porque el deber ser de lo real solo puede realizarse como negación de sí. Mejor dicho: esta negación de sí es el envés de lo real. Por tanto, no es que primero haya lo real y luego su negación de sí.

El libro de Job da fe de lo mismo. O la sentencia de Is 45,7.

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