la esperanza creyente
enero 18, 2026 § Deja un comentario
Es evidente —o debería serlo—: los sujetos de la esperanza cristiana son los desesperados, aquellos que han sufrido la inapelable condena del mundo: para ti y tus hijos, las cámaras de gas. Sin embargo, si la esperanza esta lejos de la expectativa razonable es porque se asienta en el acontecimiento de un perdón imposible, por sobrehumano —por inconcebible, no anticipable o exigible. Un ejemplo, el de la madre colombiana que adoptó como hijo al sicario que asesinó al que tuvo como mujer. Ese perdón, al trascender cualquier obligación moral, supone la interrupción del ciclo de la violencia histórica, un reset de dimensiones cósmicas. En este sentido, no es casual que la redención, cristianamente, vaya asociada al fin del mundo —un fin que daría paso a una nueva creación, a una humanidad nueva. Es obvio que el horror sigue ahí, campando a sus anchas. Pero, por eso mismo, el ya sí, pero todavía no. De ahí que el cristianismo pierda su nervio donde sustituye el horizonte escatológico por una expectativa consoladora, por asumible. Esto es, donde da por hecho, lo que en modo alguno puede darse por hecho. Al menos, porque el todavía no mantiene en vilo —o debería mantener— los corazones cristianos.
Sin embargo, debido a esto último, el cristianismo se encuentra más cerca del nihilismo que de la religión o el paganismo. Al menos, porque aún es posible que el ya sí del acontecimiento sea, simplemente, una anomalía. Y más aún si tenemos en cuenta que Dios no es un deus ex machina.
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