paganismo y fe (1)

enero 21, 2026 § Deja un comentario

El paganismo —literalmente, una religión campesina— fue la creencia más espontánea: todo está lleno de dioses. Al fin y al cabo, la religión arraiga en el animismo. Hasta las piedras tienen un aura.

Por eso mismo, la fe de Israel —y, por extensión, la cristiana— es irreconciliable con la perspectiva pagana. Y es que el presupuesto de la fe, en tanto que esta consiste en permanecer confiadamente a la espera de Dios, es, precisamente, la desaparición de Dios. Donde Dios se revela como el Altísimo, el mundo deja de estar atravesado por poderes con los que nos vemos obligados a negociar.

Sin embargo, una vez el monoteísmo cristiano se impuso como obviedad política, la fe se transformó en el paganismo que inicialmente superó, aunque fuese con el motivo de un único dios. Tras esta vuelta a las andadas, la esperanza se convirtió en expectativa, el tener que responder al clamor de los hermanos que no cuentan en esa caridad puntual que nos hace sentir bien, el desquicio del profeta, en la admonición paternalista del pastor, el misterio de Dios —ese que roza el nadie— en el dios misterioso.

De ahí la importancia de la dogmática cristológica. Pues siempre cabrá la posibilidad de, al menos, volver a leerla con atención. De hecho, la crítica más radical de la cristiandad —de su docetismo implícito— se encuentra en dicha dogmática antes que en los atrabiliarios párrafos de Nietzsche. En ella y en la vida de los mártires. Pues, de hecho, la dogmática constituyó —y aún constituye— su clave hermenéutica.

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